De mercantes
a docentes
La historia de los veleros escuela comienza con una caída,
la de los veleros mercantes. Las compañías navieras,
ahora abocadas a la construcción y utilización
de barcos a vapor, decidieron adiestrar a sus futuros oficiales
como cadetes en “buques escuela” de sus respectivas
banderas comerciales. Para este propósito, fueron adquiridos
algunos grandes veleros antaño dedicados al comercio.
Los mismos eran del tipo de veleros de aparejos en cruz, equipados
para acomodar a muchos cadetes.
Así y todo, hubo algunos grandes veleros diseñados
y construidos especialmente para este propósito. Existieron
cinco en especial que valen la pena recordar: Dos fueron construidos
en Gran Bretaña, la barca de acero de 5 palos Kobenhavn
(encargada por una compañía danesa) y la fragata
Compte de Smet de Nayer (adquirida por una compañía
belga). Otras dos fueron construidas en Alemania, la barca de
acero de 4 palos Herzogin Cecilie (para una compañía
alemana) y la barca de acero de 4 palos L´avenir (para
una compañía belga). El quinto fue la barca de
acero de 4 palos Viking.
Lamentablemente, el eterno apetito oceánico se ha tragado
a tres de estos buques, con todo y tripulación. Primero
fue el Compte de Smet de Nayer, el cual fue hundido en 1906
en el Golfo de Vizcaya (golfo del Océano Atlántico Norte
perteneciente a la parte más oriental del mar Cantábrico.
Luego le tocó el turno al Kobenhaven en 1928, cuando
navegaba en lastre desde Montevideo a Melbourne. Diez años
más tarde, la L’Avenir (en ese entonces rebautizada
como Admiral Karpfanger), cuando navegaba desde Port Germain,
en Australia del Sur, a Falmouth, cargada hasta el tope con
trigo.
Aquí contamos la historia de este naufragio, un misterio
que aún no ha sido completamente develado:
El Admiral Karpfanger fue construido en 1908, en Bremerhaven,
Alemania, para la Compañía Marítima Belga.
El mismo fue destinado a operar como buque escuela y, en ocasiones,
también como velero mercante. Originalmente sirvió para
reemplazar a su similar el Compte de Smet de Nayer, el cual,
como ya dijimos, se había hundido en el también
conocido como Golfo de Gascuña.
Sus dimensiones eran las siguientes:
Eslora entre perpendiculares: 85 m.
Manga: 15 m. Puntal: 8 m. Tonelaje bruto: 2738. Tonelaje neto:
2074
Una incomprensible
desaparición
En 1931 fue vendido al armador finlandés Gustaf Erikson,
quien lo empleó hasta 1937 en la carrera del trigo desde
Australia, luego fue vendido a la Hamburg Amerika Line para
continuar con el transporte de trigo, pero también para
funcionar como el primer buque-escuela de su flota.
Las reparaciones convenientes se llevaron a cabo en Hamburgo,
desde donde zarpó el 20 de septiembre de 1937, rumbo
a Port Germain, Australia, para arribar a salvo tras un viaje
de 107 días. La tripulación completaba los 60
hombres, de los cuales 44 eran cadetes. Allí cargó 3.502
toneladas de trigo en sacos para trasladar a Falmouth, Inglaterra.
El Admiral Karpfanger zarpó finalmente desde Port Germain
el 8 de febrero de 1938, y siguió la ruta del Cabo de
Hornos. El 1° de marzo se recibió un mensaje dando
su posición en 51° de latitud Sur y 172° de longitud
Este. Un segundo mensaje se recibió el 12 de marzo y,
desde entonces, nada más: silencio sepulcral. Pasado
el tiempo pertinente, el Lloyds lo dio por perdido. Su desaparición
permanece como un misterio y la Corte Marítima de Indagación,
con sede en Alemania, tuvo sólo conjeturas de lo que
pudo haber sucedido.
Descartando posibilidades
Uno de los puntos más importantes a tener en cuenta es
el hecho de que no se emitieron (al menos, nadie recibió)
señales de auxilio por radio durante el desastre, lo
cual lleva a pensar en un hundimiento repentino y por demás
acelerado. Esto lo confirma el hecho de que se encontraron muy
pocos restos del naufragio; según la publicación “Ships
of the World”, de Lincoln P. Paine, restos del mismo se
encontraron en las proximidades de Tierra del Fuego.
Con ánimos de descartar posibilidades, que se moviera
la carga y desestabilizara el barco es algo completamente improbable,
ya que estamos hablando aquí de un cargamento completo
(y por lo tanto, convenientemente estibado) de trigo en sacos,
los cuales colmaban plenamente las bodegas.
Teniendo en cuenta el agua y su molesta tendencia a meterse
en donde no la llaman, las tapas de las bodegas eran escotillas
de madera cubiertas con tres lonas enceradas, las cuales estaban
apropiadamente aseguradas, amarradas y acuñadas. Como
quiera que sea, nunca se podrá saber si alguna escotilla
fue abierta por el mar. Aunque la presencia de agua en algunas
bodegas es una posibilidad, es muy improbable que esto fuera
la causa directa de un repentino hundimiento del buque.
El casco era de construcción de acero remachado, por lo que se consideró como
posibilidad que alguna filtración pudo haber sido causada por pérdida
de remaches.
|
 |
|
Como quiera que sea, bajo
bandera belga el buque pasó muchas y completas inspecciones,
incluso en dique seco y, en cada caso, el casco fue inspeccionado
minuciosamente. Lo mismo ocurrió una vez adquirido por
la Hamburg Amerika Line, así que podríamos asegurar
que una filtración por pérdida de remaches es
mucho más que improbable.
Por último, el Admiral Karpfanger tenía mamparos a lo largo
de las bodegas. En el centro del buque había cuatro profundos tanques
llenos con trigo ensacado y completamente sellados con tapas escotillas
estancas. Una inundación por la entrada de agua en las bodegas habría
sido prácticamente imposible. Además, en tal circunstancia
no se habría hundido inmediatamente.
Por una punta del iceberg
Algunos autores atribuyen la pérdida de la barca a una
colisión con un témpano, ya sea durante la ceguera
de una noche oscura o bajo los efluvios de una niebla espesa.
En el momento del hundimiento, la nave estaba equipada con mamparos
de acero y un doble fondo. Aún si hubiese ocurrido una
colisión con un témpano, es completamente improbable
que todos los compartimientos del doble fondo hubieran sido
desgarrados e inundados al mismo tiempo.
Si realmente se hubiera dado este tipo de colisión, la
barca habría permanecido a flote el tiempo suficiente
como para permitir el envío de al menos una señal
de radio de desastre.
¿Combustión espontánea?
El fuego fue siempre el enemigo más temido de los grandes
veleros, especialmente en el comercio chileno, en el cual muchos
buques se incendiaron durante el transporte de salitre a la
ida (a Europa) y de carbón a la vuelta (desde Inglaterra).
Los incendios, obviamente, se producían por auto combustión
de la misma carga.
En este caso, sin embargo, la carga no era otra cosa que trigo
ensacado. Casos de recalentamiento por sacos húmedos
de trigo han sido conocidos, pero fueron muy raros. Por otra
parte, si hubiera habido fuego en la carga, habría habido
algún tiempo para rociar y enfriar todo el buque.
Tal vez, quizás, es posible. Emil Zander era un experimentado
capitán alemán de veleros y hacía más
de 4 años que estaba al mando del Admiral. Por construcción,
la barca no tenía rueda de gobierno en el centro del
buque y sólo tenía una a popa. A petición
del Capitán Zander, se construyó una posición
de gobierno extra en el centro, la cual requería la colaboración
de varios timoneles pero hacía más fácil
el control con mal tiempo y daba mayor seguridad en caso de
marejada gruesa.
Sin embargo, no hay bien que por mal no venga, puesto que todo
el mundo sabía que si la barca era abatida por un inesperado
golpe de mar desde popa, dicho golpe provocaría una secuencia
de altercados -fuerte tendencia a orzar, bloqueo del timón,
imposibilidad de recuperar el rumbo- dando como posible resultado
a la tan temida vuelta de campana. Si a esto le agregamos el
error de haber sobrecargado las bodegas de proa (lo que le daba
una mayor tendencia a orzar en forma desmedida) podríamos
concluir que acabamos de describir la causa menos remota de
porqué se fue a pique nuestro misterioso buque.
Otro factor que pudo haber jugado un rol crucial en el hundimiento
del Admiral, es la posibilidad de que llevara demasiada vela
izada, consecuencia de la tradición a bordo de los grandes
veleros alemanes de hacer sus viajes forzando la velocidad.
Esto nunca se sabrá ya que la bitácora se perdió y
es sólo una presunción, pero podría haber
jugado un rol decisivo en su pérdida.
Nota: esta nota es una síntesis del artículo publicado
por el Capitán belga Roger Ghys y el Arquitecto Naval
australiano Neil W. Cormack |