Rio Via
Federación Argentina de Yachting
Nedstat Basic - Web site estadísticas gratuito
El contador para sitios web particulares
 
 

Los Viajes del Haiku
Angra dos Reis - Rosario (el regreso) - marzo de 2007

A las tres de la tarde del sábado 10 de marzo, estaba de regreso en el Angra dos Reis Marina Clube. El “Haiku” estaba amarrado al muelle, ventilado y limpio, ya que había quedado a cargo de Patrick, un marinero del club. Cuando me enteré que mis tripulantes, Horacio y Alejandro, iban a llegar un par de días después de lo previsto, me embargó una ansiedad que intenté combatir trabajando en los últimos aprontes del barco.
Sin embargo, también tuve tiempo para charlar y tomar mate con Guillermo y Laura a bordo del Charrán. Así, le encargué a Guillermo la limpieza del fondo del “Haiku”, porque luego de más de 30 días en la amarra, el mismo parecía un arrecife de coral de tantas incrustaciones que tenía. El domingo, Guillermo se calzó su traje de neoprene, su tanque de aire y en casi dos horas de trabajo dejó el fondo como nuevo.
El lunes, como mis tripulantes seguían sin aparecer, fui navegando al Pirata's Mall a hacer la provista y cargar gasoil. Volví, almorcé en el club y me fui a dormir una siesta, de la cual me despertó Alejandro que llegó a las dos y media de la tarde. Después de que se acomodó, volvimos a navegar hasta el Pirata's Mall, para comprar algunas cosas más y pasear un rato. A las nueve de la mañana siguiente (¡martes 13!) llegó Horacio y menos de quince minutos después habíamos soltado amarras emprendiendo la esperada vuelta a Rosario. La previsión meteorológica era buena para los siguientes días, y a diferencia de lo que nos había ocurrido en enero, prometía varios días de sol y viento.
Dejamos atrás nuestro fondeadero, pasando cerca de un gigantesco crucero de turismo fondeado al lado de la Ilha Gipoia, y seguimos navegando a vela en la tenue brisa de la bahía de Isla Grande hasta la punta de Joatinga, la cual dejamos atrás a las 15:30. Cayó la noche y seguimos navegando a vela y por breves momentos a motor, en una brisa del ESE. A diferencia de la ida, en la que hicimos escalas en Sao Francisco do Sul, en la Ilha de Bon Abrigo y en Santos, decidimos hacer rumbo directo a Florianópolis, lo que nos alejó más de 70 millas de la costa. El día transcurrió sin mayor novedad otra que la visita de dos grandes grupos de delfines.
Esa segunda noche nos pasó de todo. Veníamos navegando en popa con viento NE de regular intensidad, cuando cedí el timón para irme a poner el arnés. No había terminado de llegar a la cabina de proa cuando el barco trasluchó, el genoa se enredó en el enrollador y saltaron los guardines del timón. Para peor, al dar marcha al motor, la bomba de agua no funcionaba correctamente, por lo que el motor calentaba. En resumen, una noche de aquéllas, flotando en medio de la nada, sin timón, sin motor y sin velas. Pero poco a poco fuimos reparando todo y al amanecer el barco ya estaba funcionando como es debido.
El 15 de marzo por la mañana estábamos a 120 millas de Florianópolis, empujados por el viento que persistía desde el NW, situación que duró hasta las 14:30 en que cesó por completo. Dos horas después restablecimos las velas, aunque mirando de reojo al W donde se habían reunido unas grandes nubes muy negras. Decidimos esperarlas con el genoa parcialmente enrollado y una mano de rizos en la mayor. A las 18 el W soplaba alegremente, por lo que tuvimos que tomar otra mano de rizos y dar un par de vueltas más al genoa. A un descuartelar, el barco avanzaba rápidamente a 7 nudos, rumbo directo al extremo norte de la Ilha de Santa Catarina. Días más tarde leímos en un diario que ese viento había provocado la voladura de varios techos en Joinville, pero a nosotros no nos trató tan mal.
Al amanecer del viernes 16 ya estábamos llegando a la Ilha de Santa Catarina, y a las 9 de la mañana amarramos en el club Veleiros da Ilha. No habíamos terminado de amarrar, cuando el viento borneó y comenzó a soplar desde el sur, prometiendo seguir igual durante toda la semana siguiente, según la previsión consultada en el club. El bajón anímico producido por un pronóstico tan desalentador, que amenazaba tenernos en tierra por varios días, pronto se diluyó en las cervezas que tomamos en el “Box 32”.
Luego de un sábado de descanso y camaradería con un navegante solitario brasileño que hacía tres meses que estaba surcando el litoral brasileño en su 34 pies “Panos Quentes”, el domingo a la mañana partimos hacia Río Grande, con viento sur en contra pero suave. Ni bien dejamos la Ilha de Santa Catarina, el tiempo se cerró y llovió como nunca antes habíamos visto. Hacia las seis de la tarde, dejó de llover, pero siguió nublado y con el viento contrario más intenso, y decidimos entrar al puerto de Imbituba, que es un puerto comercial fácil de entrar. Aprovechamos además para tratar de conseguir gasoil, ya que de persistir las condiciones era probable que nos faltase. Con las últimas luces tiramos el ancla a pocos metros de otro barco de bandera argentina amarrado a un boyón. Era el “Nagual y Tonal” –casualmente un Sol 105 igual al nuestro– retornando del “Crucero de la Amistad”. Hablamos un poco a los gritos con su patrón Roberto y con Tirso, de barco a barco, y decidimos seguir juntos hacia Argentina. Esa noche cenamos muy bien en el barco y vimos una película, como si estuviésemos en casa y no fondeados en un lejano puerto rodeados de grandes mercantes. Al amanecer, le preguntamos a los tripulantes de un barco pescador dónde podíamos cargar combustible, y nos invitaron a amarrarnos junto a ellos, nos mostraron el barco, y nos regalaron 40 litros de gasoil. Partimos a las 7:15 junto con el “Nagual y Tonal”, pero soplaba mucho en contra. Saliendo de ese puerto tuvimos nuestro único accidente: una ola desacompasada provocó la caída de la cafetera, que derramó todo su contenido hirviente sobre el pie de Alejandro.
A vela y motor fuimos avanzando poco a poco, pero como el esfuerzo no redituaba en millas, encaramos el puerto de Laguna. La entrada puede ser complicada si sopla del primer y segundo cuadrante, pero como soplaba del sur, apenas alcanzó a ser “emocionante” porque las escolleras se introducen en el mar, y las olas rompen en la bocana, donde la profundidad pasa de 20 metros a 6.
Esta escala, si bien un poco obligada e imprevista, fue bastante grata, ya que la ciudad es muy linda, con un centro histórico colonial muy limpio y bien conservado y un club muy chiquito pero simpático. Un par de horas después, llegó el “Nagual y Tonal” y amarró a nuestra popa.





 

Consultamos la meteorología por Internet, y vimos que tendriamos por lo menos 48 horas más de viento sur, por lo que nos disposimos para conocer la ciudad y reponer las provisiones que consumimos.
Todo lo linda que es la parte antigua de la ciudad construida sobre la laguna, es de fea la parte moderna que da sobre el mar.
El miércoles 21, pese a que seguía soplando del SW decidimos partir, cansados de esperar que mejoren las condiciones. Salimos rápidamente de la laguna, ayudados por una corriente de vaciante de dos nudos, y una vez afuera el genoa daba al barco algún nudo más de los que tiraba el motor, razón por la cual lo dejamos hasta el cabo de Santa Marta, donde un cambio de rumbo, más hacia el SW nos obligó a arriar todo. Sobre la costa había pesadas nubes negras, pero nosotros, diez millas mar adentro, disfrutamos de un sol a pleno. Con el correr del día, el viento disminuyó y a las 15:30 se estableció del SSE bastante suave, lo que permite izar las velas, pagar el motor y seguir avanzando a 4,5 nudos. Un par de horas más tarde ya están soplando más de 20 nudos, por lo que dejamos que el “Pilomat” se haga cargo del barco. Sin embargo, lo bueno no dura mucho, y a las 19:30 estábamos encalmados nuevamente, por lo que recurrimos al Yanmar.
A las 5 del día 22 estabamos al través del faro de Tramandaí, a unas 20 millas de la costa. Empecé a calcular que, de seguir la calma, el combustible que teniamos a bordo no nos alcanzaría para las más de 100 millas que aún nos restaban hasta Río Grande. Por suerte, a las 17 sentimos que empieza a levantar una leve brisa del NE, rápidamente izamos las velas. Al anochecer, la brisa había incrementado lo suficiente para hacernos correr en popa a 7 nudos toda la noche. Con las primeras luces del viernes 23 vemos el tope de algunas torres de antenas cercanas a la boca del puerto de Río Grande. A las 11:50  estamos ingresando a las escolleras, y tenemos que prender el motor para vencer la intensa corriente de vaciante. Llegamos al Iate Clube de Río Grande do Sul a las 14:15 donde fuimos tan bien recibidos como siempre. Allí nos informaron que el parte meteorológico anuncia vientos contrarios hasta el domingo, por lo que nos disponemos a pasar el fin de semana en una ciudad que si bien no es muy linda, su gente siempre nos hace pasar una excelente estadía.
El sábado a la noche organizamos un asado con la tripulación del “Nagual y Tonal”, con Jorge, el navegante solitario de Porto Alegre que habíamos conocido en Florianópolis, con el “Comandante Aero” que navegaba por la laguna dos Patos en su 36 pies de chapa hecho por él mismo, y con otra tripulación rosarina que a bordo del “Bahía Silencio” iba hacia Angra.
Como estaba anunciado, el lunes el viento roló para el ESE, por lo que salimos temprano del Club, y a las 9:30 de la mañana ya estamos avanzando a toda vela a 6,5 nudos. Al mediodía conectamos el “Pilomat”, que llevó el barco hasta el anochecer, cuando el viento empezó a irse al NE complicándo la tarea. Navegamos toda la noche a unos 6/7 nudos a oreja de burro, manteniéndonos a unas 25 millas de la costa. mientras veíamos a lo lejos, a proa, sobre el horizonte, una tormenta con muchos relámpagos. A las cuatro de la mañana teníamos la Punta Palmar por la amura y el Chuí por la aleta de estribor. El amanecer del martes 27/3 nos trajo calma y un diluvio que dura pocos minutos, luego sopló suave del sur por un instante para saltar violentamente al NE. Sin embargo, sólo se trata de unas primeras ráfagas muy fuertes, estableciéndose luego de la misma dirección, pero más moderado. Ello nos permitió avanzar rápido y a las 15:30 dimos el través al Control La Paloma. En toda esta pierna el tránsito mercante fue muy intenso, lo que nos obligó a estar muy atentos. Por fin, a las 23:30 amarramos en Punta del Este para cambiar de tripulación.
Esa misma madrugada Horacio y Alejandro, apremiados por el tiempo, tomaron un ómnibus para Rosario, por lo que, luego de descansar algunas horas, me dispuse a recibir a los nuevos tripulantes.
Con Roberto y Tirso del “Nagual y Tonal”, que habían llegado un rato después que nosotros, consultamos la meteorología, y luego me invitaron a almorzar. Estábamos animados, pues más allá de lo complicado que se veía el horizonte, todos los sitios consultados (salvo los oficiales argentinos y uruguayos), nos pronosticaban un SE moderado, ideal para la última pierna que nos aguardaba.

A las 17 del miércoles 28, tanto Máximo como Roberto habían llegado, por lo que mi nueva tripulación estaba completa; el “Nagual y Tonal” había partido, pero nosotros nos demoramos con el despacho y la reposición de la provista. A las nueve de la noche estábamos listos para partir, pero la Prefectura uruguaya nos alertó de un aviso de temporal y como escuchamos por VHF que el “Nagual y Tonal” entraba a Piriápolis por el mismo aviso, decidimos esperar para ver qué sucedía. A las tres de la mañana del 29 optamos por confiar más en las previsiones del Buoy Weather, del Wind Gurú y del CPTEC (todos coincidentes), que en los anuncios del SMN y del SOHMA, y dejamos el puerto rumbo al Emilio Mitre. Luego de una noche a motor, al amanecer se levanta un norte suave que nos lleva hasta la isla de Flores. Allí recurrimos nuevamente al motor, hasta que por la tarde, al través de La Panela, se levanta el anunciado SE que nos llevó en popa, con una ola bastante importante hasta el Paraná de las Palmas, donde entramos a las 13:30 del 30. Por suerte, del temporal anunciado, no tuvimos noticia. A medianoche amarramos en el Club Náutico de Zárate, donde Roberto desembarcó, quedándo a Máximo y a mí un poco más de un día de pelea contra la corriente hasta nuestro destino final en Rosario.

 

El Mundo de los Barcos Magazine
Dirección: Primera Junta 996 - 1º "A" (1642) Bajo de San Isidro ::
Teléfono: (5411) 4742 - 0164
barcos@barcosmagazine.com
www.barcosmagazine.com
Copyright © 2003 Barcos Magazine


Web Design: Gaby Medei