Un gran historiador de la Armada da nombre al buque escuela uruguayo
Don Francisco P. Miranda pertenecía a una familia de marinos descendientes
de los españoles que habían llegado a estas costas desde
la región de Asturias para radicarse en la Villa de Maldonado. Su
abuelo paterno fue oficial en la Armada Española, siendo protagonista
de reconocida bravura luchando contra el Almirante Nelson en la Batalla
de Trafalgar en 1805.
En el ambiente náutico, marítimo y comercial que incluía
a la Isla Gorriti y las instalaciones de la Real Compañía
Marítima el hijo de Francisco P. comenzó a sentir una especial
atracción por el mar embarcándose desde muy joven en diversos
buques de cabotaje que le permitieron adquirir gran experiencia y conocer
en profundidad las costas del Atlántico y del Plata.
La experiencia y renombre obtenido como Piloto le permitieron en la segunda
mitad del siglo ser llamado para comandar varios buques de la incipiente
Armada Nacional.
No puede sorprender que entonces, en un hogar donde las historias marineras
y los relatos náuticos eran moneda corriente los dos hijos, Eduardo
y Francisco Prudencio tuvieran las mismas inclinaciones que su padre y
abuelo.
Francisco Prudencio Miranda ingresó a la Marina Militar como Aspirante
sirviendo en una plaza en la “Cañonera Suárez”,
en Agosto de 1886 y fue ascendido a Teniente 1º en el año 1895
pasando a prestar servicios en la “Cañonera Rivera” y
el “Vapor Gral. Flores”.
Fue entonces cuando se produjo el hecho más desgraciado de su vida
naval, próximo al mediodía del día 8 de octubre de
1903, estando a bordo de la “Cañonera Rivera” y ésta
al ancla frente a la calle Yacaré, mientras parte de la tripulación
almorzaba plácidamente, explotó la santabárbara del
buque que envuelto en humo y llamas se hundió rápidamente.
En el desgraciado suceso resultaron muertos cuatro tripulantes y heridos
varios oficiales, entre ellos el Segundo Comandante Francisco Miranda que
recibió heridas de gravedad, fractura de un brazo y quemaduras
generalizadas en todo el cuerpo.
El sentimiento popular que generó la voladura de la nave motivó a
los patriotas orientales a organizar una colecta para reponer la nave y
que años después fue la base para la adquisición del “Cañonero
18 de Julio”.
Una importante pieza de la historia oriental (Historia Naval de la República)
se perdió en la explosión y hundimiento del Rivera y fueron
los apuntes de historia que Francisco Miranda recolectó a través
de ocho años de intensa búsqueda e investigación histórica
que había atesorado a través de documentos oficiales y privados
y de relatos de personajes de la época.
Su férrea voluntad
le permitió recuperarse de las heridas y quemaduras le
permitieron recuperarse para dedicarse a la docencia y ocupando
importantes cargos que incluyeron el comando del “Crucero
Montevideo” entre otros.
El legado más importante que dejó Miranda fueron sus artículos
periodísticos y libros publicados.
Sus publicaciones fueron muy comentadas en EEUU y Europa y sus temas versaban
sobre las formas de vigorizar la actividad marítima nacional, a
través de la geografía náutica, la profesión
naval, la doctrina del empleo de los medios navales, con profundos análisis
de temas como pesca, balizamiento, comercio exterior, desarrollo de la
marina mercante y la necesidad de crear un Instituto de Enseñanza
Náutica.
La historia naval oriental guardó un lugar de privilegio en su dilatada
temática.
El Capitán de Navío Francisco P. Miranda falleció en
abril de 1925 después de haber dedicado hasta el último minuto
de su vida a la Armada Nacional.
La nave escuela de la Armada Uruguaya lleva su nombre.