Sobre
la ruta de Darwin parte 5
Un viaje desde las Galápagos a Italia pasando por el
Sur de América Posición: 45°28',9S
- 072°50',2W. Rada de Chacabuco, al ancla. Hora 20:35 LT.
Viento del SudOeste a 15 nudos. Presión 10157,3 Mb en
suave ascenso, cobertura del cielo 5/8. Seco…y frío.
Chacabuco es el puerto oficial de Puerto Aysén; todavía
comanda su destino marítimo a causa de la desembocadura
del Río Aysén: antigua ruta de acceso a la ciudad.
Esta ciudad, una de las pocas del Sur chileno, fue creada para
poblar esta región todavía deshabitada y para
el aprovechamiento del vasto territorio. Una zona de un
millón de hectáreas fue destinada a las pasturas
y así miles de personas se mudaron paulatinamente para
desarrollar diversos cultivos al servicio de dos sociedades. Estas
dos sociedades comenzaron a litigar por concesiones en los años
40’ y a causa de la ausencia de control de parte del estado
comenzaron a desbocarse a fuerza de incendios en la foresta
autóctona hasta comprometer alrededor de tres millones
de hectáreas de tierra. De cultivo se hace poco y nada
hoy. La deforestación, como si tuviera ganas de
vengarse del mal trato se vuelve ahora contra los habitantes;
el río o los ríos se ven colmados de la tierra
erosionada por el agua de lluvia que va lavando los suelos que
ya no pueden sostener la vegetación. Ayh, Darwin! Si
pudieras volver para ver esto…!
No termina ahí: una gran estancia de una compañía
canadiense presiona fuertemente para construir dos represas
sobre el Río Aysen para disponer de agua suficiente y
más energía en el proceso de extracción
de aluminio. Así va cambiando el paisaje en un
escondido rincón del planeta donde todo podría
ser prístino e intocado por el hombre.
El golfo es espectacular, como los de Melinka y Puerto Aguirre.
Algunas salmoneras cortan la virginidad de paisaje al nivel
del agua muy cerca de las costas, pero eso es todo. Se
ven unas boyas que señalan los jaulones y unas casas
flotantes donde viven los cultivadores del salmón. Dicho
sea de paso, esto también causa un desequilibrio en el
ecosistema porque el excedente del alimento que los peces no
comen cae al fondo y abona de modo artificial una franja de “pastura” de
otras especies que están proliferando fuera de lo natural
y lo deseado. Las montañas son a pico y rodean este largo
canal en toda su extensión con enormes paredones hasta
que dos islas dan protección de la ola corta pero molesta
que se produce cuando empuja el frío SudOeste.
Los glaciares se posan sobre las cimas y algunos alcanzan, llegan
hasta alcanzar el mar. Es un ejemplo de fiordos característicos
que dejan una sensación de verdadero aislamiento.
Muchos de estos lugares sólo pueden alcanzarse por mar. En
el transcurso de muchos días de viaje y varios cientos de millas
hemos encontrado al final de cada pequeña bahía no más
de diez casas. Sin dejar de preguntarnos “cómo
viven?” y respondiéndonos inexorablemente “…no
sólo pueden sino que nunca irían a un pueblo y menos a una
ciudad”, punto.
Seguimos navegando a fines de febrero siempre al Sur. Nubes
bajas, niebla y algunos cúmulos cubren constantemente
las montañas en un abrazo sugestivo y dramático
que les da desde los grises de la roca al verde del bosque y
el blanco de la nieve que vemos hasta los mil metros de altura.
Fondeados y mientras todos ordenamos la maniobra, los estudiantes
de la Universidad de Pádova salen de exploración
en el gomón. Misión: encontrar especímenes
de interés científico que puedan ser comparados
con las muestras que tomó Ch. Darwin a su paso por estos
lugares.
Nosotros, la tripulación, todavía no descansamos
hasta probar si los 60 metros de cadena que echamos a las 19:00
hs siguen en el fondo arenoso y esto lo hacemos como una simple
revista “pre nocturna”; damos marcha atrás
al viejo Volvo a 1200 revoluciones y luego de comprobar que
nada cede nos sentimos seguros como para empezar un descanso
merecido después de tantas horas de frío y nevizca.
En ese momento, cuando aparecen las tazas de té, comenzamos
a revisar otra vez y como todos los días la cartografía,
los derroteros infaltables e infalibles, la meteo y aquí cabe
decirles que el hecho de no navegar de noche en estos lugares
se debe a que la cartografía electrónica no coincide
con la realidad en muchos lugares que por la conformación
del terreno puede ser fatal. Las correcciones son de
más de una milla tanto en el sentido Norte-Sur como en
el Este-Oeste en muchos lugares.
Por suerte teníamos a la vista la costa que nos permitía
hacer la corrección en el plotter de la timonera y seguir
adelante sin novedades pero siempre con los ojos de todos bien
abiertos.
La playa de arena formada por la desembocadura del pequeño
río daba a los biólogos un terreno de exploración
excepcional, mientras los profesores caminaban por la playa
buscando bivalvos y otros especímes que estudiar, vieron
que los más jóvenes tenían una tarde que
nunca olvidarían cuando encontraron en su deambular en
el inflable, una dupla de leones marinos (una hembra y un macho
joven) que se dedicaron a jugar alrededor de su bote amistosamente
y por largo rato, mientras que un grupo de cormoranes no se
inmutaba por la presencia de estos doce humanos vestidos de
colores que llegaron en un enorme monstruo rojo y decidieron
seguir ahí, mirándonos con la misma indolencia
del “dolce far niente” de antes de nuestras maniobras.
Un día de suerte para los profesores que en un rato recolectaron
al menos nueve especies diferentes y los estudiantes traían
muestras de diversas curiosidades para un europeo que cuidaron
como tesoro hasta su desembarco. Todo menos un microscopio
en una enorme caja de madera que siempre estaba bajo alguna
cama de proa por encima de la vela que teníamos que sacar. –y
que les fue devuelto con todos los honores del caso en Rosignano,
Italia- Cuando volvieron los exploradores les esperaba un arroz
humeante y pan recién horneado, queso parmesano y fiambres.
El ambiente era de veras primitivo; antes de terminar el día
dábamos por turnos una vuelta por cubierta cada uno a
voluntad y veíamos cómo el viento jugaba con los
cada vez más grandes remolinos que se formaban en una
corriente de marea que más al Sur más veloz era. Para
mí confieso: toda una rareza.
Un ligero olor a humedad anunciaba la llovizna mientras la Adriática
bamboleaba a menos de veinte metros de la roca gris de un paredón
desnudo de granito. Anclas, cabos, guardias, todo andaba tal
como debía mientras la vigilancia no cesaba.
Levantada el ancla la mañana siguiente, que había
sido bajada con su correspondiente orinque para poder
subirla en caso de engancharse en las algas, rocas o alguna
sorpresa, decidimos andar por un paso de unos 40 metros de profundidad
que no estaba bien detallado en las cartas.
De pronto 7 metros…! Máquina atrás!! Grité en
VHF portátil que llevaba mientras leía un repetidor
al pie del mástil. Ricardo! Control visual! Buscá escollos
y algo que no te resulte fondo seguro ¡! El fondo subió de
improviso.
Después de un segundo: 2 METROS! Imposible! La ecosonda
puede “haberse confundido” el eco sonoro a causa de
la densidad de las algas. Cachiyuyos o kelps; son realmente
enormes y crecen en fondos que tienen alrededor de los 15 metros
de profundidad; además tienen una densidad que mejor
vigilar la hélice. La conformación rocosa
de las islas no podían ponernos una barrera enfrente
de tal morfología. Reaccionamos en un segundo y
seguimos con cautela. Filippo me pidió que corroborara
un relevamiento visual a tierra mientras le pedía a Ricardo
que reconfirmara lo que veía debajo de la proa. “Todo
libre!!” dice; bien despacio como quién ha leído
las instrucciones de un marinero en navegación recientemente
y esperamos que el viento se metiera en el canal y nos hiciera
montar la onda lo más rápidamente posible, de
popa por suerte y alcanzamos otra vez los 7 metros…puf!
Nosotros calamos 4!
Avanzamos ya sin máquina entre 8 y o 9 nudos en un lugar
sin certezas y llevamos más de 50 toneladas zigzagueando
suavemente con el timón. Se enrolla entonces el
genoa que tira demasiado y desde muy arriba se pone la trinquetilla
junto con las burdas que tienen el palo que hace una fuerza
titánica en cada racha. La trinquetilla no es más
chica que el genoa pero tiene el centro mucho más bajo
de modo que el barco se comporta mejor con rachas fuertes.
El viento sopla, empuja, es impetuoso y no aflojará;
se mantiene por encima de los 30 nudos de real todo el tiempo.
Así, casi de improviso llegamos casi a los 40kts. Adriática
vuela; la onda grande de popa hace fatigar el timón automático
y otra vez a empuñar la rueda, por turnos de solamente
media hora a causa del frío en las manos.
Las montañas y los fiordos pasan volando rápidamente
en torno a nosotros a pocos centenares de metros. De tanto
en tanto nos cuesta verlas a causa de las cortinas de lluvia.
Seguimos así por más de seis horas en busca de la
protección de una caleta elegida antes bajo el resguardo
a sotavento de la Isla Middle que tenía un escollo aflorante
justo delante de la entrada… Nos arruinamos la vista
buscándolo de antemano. El temor de que no estuviera en
el lugar indicado por la carta era probable y posible para los
que habíamos visto algunas cosas no consistentes con
la información, y otra vez: ya llegamos al lugar y nada
de nada, no estaba en el lugar ningún pedazo de roca
asomada (¿) Dudas.
Filippo, que nunca tenía una sola opción para
la próxima parada elige la caleta Connor a poco más
de media milla de distancia y pone el barco al viento para amainar
la trinquetilla cuya escota me da dos trompadas que me tumban
en cubierta y rompen el transparente de la chubasquera. Como
no fue un knock out, me puse de pie con rabia y en menos de
30 segundos la arriamos y ligamos entre Marco Damiano y yo –que
ya se la había jurado- y llegamos a motor a un sorpresivo
instante, donde de golpe la calma nos devolvió un calor
en la cara –a mi sobre todo- y una sorda sensación
de aire estático. Qué maravilla!
Al siguiente instante una ráfaga escora el barco ya sin
velas a 15° cuando damos el flanco al viento en nuestro
paso entre dos costas que no estaban a más de 150 metros
una de otra.
Luego, más adentro, la calma definitiva.
Se siente el olor de sotobosque húmedo. Todos sonreímos
y comenzamos la maniobra de anclaje/amarre. “... Fondo!...” gomón
al agua, Damiano y Marco saltan al gomón que acabo de
arriar y se van a la popa preparados para recibirme los cabos
enormes previamente preparados en uno de los tres cockpits para
amarrar por ambas bandas la popa; no podemos darnos el lujo
de quedar al borneo porque con 40 m de cadena más 23
de eslora, no podríamos girar sin ir a parar a una piedra
que termine el viaje. Así en pocos minutos la Adriática
queda firme con la proa hacia el centro de la caleta y la
popa amarrada con dos largos cabos, uno a una roca en tierra
y el otro a un árbol –escuálido pero era
el más fuertecito de la zona.-
Tea time! Y vuelve el momento de contemplar el espectáculo
de la naturaleza.
Todos se relajan, las caras tensas de la tripulación
mutan en sonrisas discretas y sabemos que pasamos por momentos
de … presión, por así decirlo.
Mañana será de navegación o no? Según
el parte que también se confirma a las 21:00 por el Vasco
en la Armada y Ricardo BLU por medio, parece que tenemos borrasca
fulera. Se determinará mañana.
Fernando Zerbo