De San Fernando a Venezuela en Tango veloz
 
El barco.
Un flamante crucero a motor del astillero Tango, de 85 pies de eslora, 20 de manga, 6’ de calado, 2 motores MTU de 1500 CV, último modelo y computarizados (o sea, que hacen y dicen lo que se le ocurre al "ordenador"); por eso tuvimos desconfianza al principio, recordando a 2001 Odisea del Espacio, donde la computadora HAL 9000, se retoba. Por suerte esas computadoras se portaron muy bien, ayudándonos a optimizar la relación velocidad consumo. La energía eléctrica la proveen dos generadores ("plantas" en Venezolano) Kohler de 27 KW cada una, desalinizador de 100 lit./ hora, aire acondicionado por todas las zonas vivibles, completo instrumental de navegación Furuno, etc, etc, etc...     
      
La derrota planeada.
La idea fundamental era hacer el viaje lo más rápido posible, con etapas largas y a una velocidad en que el consumo de combustible y la capacidad de tanques permitiese cumplir con esas premisas. Para ello tuvimos que chequear el consumo lit./milla, lo que fue posible gracias a las indicaciones de las computadoras de los motores. Con esos datos confeccionamos una tablilla que de acuerdo a la distancia de cada etapa fuimos aplicando. Por supuesto que todo estaría subordinado al viento y al estado del mar correspondiente. También deberíamos considerar las corrientes, que como se verá mas adelante son importantes en algunas zonas del recorrido. Piernas planeadas: 1a. San Fernando a Río Grande  420 millas. 2a. Río Grande a Santos  600 millas. 3a. Santos a Buzios  256 millas. 4a. Buzios a Salvador ( Bahia )  632 millas. 5a. Salvador a Fortaleza  815 millas. 6a. Fortaleza a Degrad des Cannes en la Guyana Francesa  1050 millas. 7a. Degrad des Cannes a Chaguaramas en Trinidad  700 millas. 8a. y final, Chaguaramas a Puerto Lacrúz en Venezuela. Total: unas 4700 millas.

Preparación.
Como la capacidad de los tanques es de 7600 litros, lo cual no alcanzaba para la etapa de 1050 millas, le agregamos 7 tambores de 200 litros y 15 de 60 litros lo cual sumaba 9900 litros. También se compró una buena bomba de trasvase de 12 volts.
El equipamiento restante fue provisto por el astillero en base a completas listas que se prepararon, lo mismo que los lubricantes y filtros necesarios para un cambio que se debía hacer a mitad del camino.
Se hicieron varias navegaciones de prueba por el Paraná de las Palmas dando resultados muy satisfactorios. La velocidad máxima fue de 31 nudos, medidos con GPS y promediando una corrida corriente a favor con una en contra.
Ya estaba casi listo, cuando: ¡sorpresa!
Llegó, en la segunda semana de noviembre, el propietario con toda su familia, dispuestos a hacer todo el viaje; la componían el su mujer, dos hijas de 9 y 12 años, su padre de 83 años, su suegra y una hermana, también, muy mayores de edad. A eso se sumaban el "marinero" ( 70 millas de mar ) y su mujer, como cocinera ( 0 millas de agua ). Costó mucho el alistamiento final pues con toda esa gente viviendo a bordo, pese a que fueron muy poco molestos, el amontonamiento fue infernal.
Otro detalle es que nosotros (Horacio y yo) llevamos barcos pero no con gente ya que eso atenta contra la seguridad del viaje dado que se dispersa la atención.
Además hubo que cambiar el itinerario para lo cual estaba preparado el barco y eso significó cambios de fechas, modificaciones en el alistamiento y en la logística organizados varios meses atrás. Pero lo que más temíamos era el comportamiento de los pasajeros en el mar abierto, donde nunca habían estado.

¡Zarpamos!
Por fin el 16 de diciembre, todo listo, completos de combustible, gente y vituallas, a las 0555 horas salimos de la bahía de CACEL, tomando el Luján, Vinculación, Urión, Canal Honda, Paraná de las Palmas y por fín a las 0700 llegamos al Río. Continuamos por el Mitre  y Acceso hasta el Km. 14, desde donde pusimos rumbo directo a la boya del Emisario de Montevideo. De allí  a la isla de Flores que traspusimos a las 1355 horas. A las 1700 amarramos al peine del muelle 1 del puerto de Punta del Este.
Nos tocó un magnífico día, tal como lo pronosticó nuestro asesor meteorológico (J.M. Horler); ideal para el debut de la tripulación y barco, sol radiante y muy poco viento.
Tardamos 11 horas y 55 minutos lo que dio un promedio de 16 nudos.
En Punta del Este el pasaje se dedicó a hacer turismo y descansar luego de las primeras 190 millas del viaje, Horacio y yo fuimos a vivir a tierra porque las camas a bordo no alcanzaban.
En PDE embarcó una señora de 83 años, tía de Juan Carlo, que se incorporó al staff para asesorarnos en la toma de mate (es uruguaya), completando de esta manera una abundante tripulación de 12 personas.
El 18 amaneció nublado y con viento fresco del Sud. Nuestro meteorólogo nos informó que el viento calmaría por la tarde y que a continuación venían muchos días de bonanza. Por supuesto que esperamos la mejora que sabíamos que vendría, dado que JMH nunca se equivoca.
Aprovechamos el tiempo para hacer un chequeo de los motores, el cual reflejó un funcionamiento perfecto y luego de la comida, a las 2115 horas largamos amarras con destino a Río Grande. Pasamos entre la punta y Gorriti y como de costumbre encontramos en esa zona una fuerte y desordenada "marola", normal cuando ha estado soplando fresco del Sur. Pensé que el pasaje sucumbiría. Por suerte duró poco y luego del virar al NE y alejarnos de la punta, todo se calmó y volvió la paz a bordo.
A partir de ese momento el tiempo fue una maravilla, con sol, vientos suaves del E y mar calma. Se aplicaron 1850 RPM y medimos una velocidad de 19/20 nudos con un consumo de 150 litros por motor, lo que daba 15.3 litros por milla. Luego bajamos a 1630 RPM dando una velocidad de 17 nudos y con menor consumo por milla.
El 19 a las 8 de la mañana se trasvasaron 3 tambores de 200 litros, más como prueba de mecanismos que por necesidad. A las 0820 dejamos por babor el banco de Albardáo y caímos al Rv 010°, directo a la boca de Río Grande.
Aumentamos la velocidad a 22 nudos y a las 1115 horas entramos por las escolleras de RG, atracando el muelle del "posto" de Ipiranga a las 1130. Cargamos 7400 litros y quedamos completos. El consumo hasta ese momento fue aproximadamente de 17 litros/milla para velocidades del orden de los 19 nudos.
A 1430 zarpamos del muelle, a 1500 dejamos las escolleras del puerto y comenzamos nuestra derrota de 600 millas a Santos. Pusimos 1620 vueltas y dábamos 16,7 nudos. Durante toda la noche tuvimos viento viento del E de 5 a 10 nudos, el cielo lleno de estrellas y algunos pocos planetas.
El día 20 amaneció perfecto y a las 6 de la mañana avistamos por proa el faro de Santa Marta Grande por donde pasamos a unas 5 millas siendo las 7 de la mañana. A partir de allí recorrimos esa linda costa: Laguna, Imbituba, Garopaba, Naufragados extremo sur de la isla de Santa Catalina, barajamos toda la isla y al terminar, siendo las 12 horas, el dueño Juan Carlo me pidió que buscase un puerto donde pasar la noche, dormir tranquilos y sin ruido de motores. Sin dudarlo pusimos proa a Portobelo y a 1330 amarramos en el muelle exterior del ICPB, donde lo hacen los barcos grandes.
Luego de descansar mucho, almorzamos a eso de las 1530 horas. Zarpamos a las 1830 de ese día 21. Nuestro próximo destino Santos, al iate clube. Continuaba el buen tiempo, con viento de 5 nudos del E, algo nublado y mar llana; velocidad 16 nudos. Día 22, a las 2 de la mañana notamos que los indicadores de combustible marcaban por debajo del límite de la reserva y  pese que nuestros cálculos nos daban mucho más combustible, decidimos bajar a 1250 RPM. lo cual redujo mucho el consumo en litros/milla ( 8,33 contra los 15 litros a 17 nudos ).
A las 1010 horas atracamos al muelle del I.C. de Santos para repostar combustible.
Cargamos 7200 litros y los tanques quedaron llenos. Eso confirmaba nuestro cálculo en función de los consumos indicados por el instrumental de la computadora de los motores, en contra de lo indicado por los medidores de los tanques. Luego de la carga del combustible, a las 1225 zarpamos y fondeamos en una caleta muy pintoresca en la bahía de Santos, sobre la costa de la isla de Santo Amaro donde pensábamos almorzar tranquilamente, pero estaba lleno de motos de agua. Ni bien terminamos unos ricos ravioles y otras cosas, zarpamos para estar más tranquilos. El mar seguía recalmo. A las 6 de la tarde recorrimos el canal de San Sebastián que cada vez me gusta más, lástima que se
guimos de largo. Se vino la noche y quedó todo oscuro, como siempre. Recorrimos con mucha tranquilidad toda la costa hasta la punta de Joatinga que marca la entrada a la divina bahía de Isla Grande. Por fin a eso de medianoche fondeamos bien adentro de la caleta de Paratiminim. Luego de la cena, whiskey, cigarros, charla y al final el silencio total, sólo interrumpido por el aleteo de algún pájaro. Esto nos parece sobrenatural a los que vivimos en ciudades.
Por la mañana recorrimos toda la costa interior de la isla y por la tarde fondeamos en la Ensenada das Palmas para gozar de otra "noche de paz". Era el día 23 de diciembre.
A la 1 de la mañana del 24, levamos y pusimos proa a Río de Janeiro.  A las 0545 entramos a la bahía de Guanabara y a las 0615 nos atracamos al antiguo muelle de combustible del Iate Clube de Río de Janeiro donde fuimos recibidos con la cordialidad de siempre.

¡Llegamos!
Horacio, un buen chofer de taxi y yo, bien temprano, iniciamos la tramitación burocrática de entrada a Brasil, que no es poca cosa. Como era Navidad, estaba todo cerrado o con guardias restringidas, pero gracias a nuestro desco..¡no!; conocimiento del Portugués y a la gentileza y buena onda de los funcionarios, logramos un exitoso trámite. A eso de las 4 de la tarde fuimos al aeropuerto del Galeao y pese al desbarajuste general de los vuelos, a causa de la fecha, logramos llegar a Buenos Aires el 25 a la madrugada.
Juan Carlo y toda su numerosa familia pasarían las fiestas en Río y en Angra, luego partirían en avión a Caracas el día 9 de enero. Quedamos en que nosotros regresásemos para continuar el crucero el día 10. Como puede verse, el plan de viaje se cambió totalmente.
Conclusión: Toda la familia se bancó muy bien el viaje y poco a poco se adaptaron a ese sistema de vida que es la navegación. Notable el estoicismo, interés y elegancia del padre de JC, que jamás se lo vio sin afeitarse y siempre con la ropa  adecuada para toda circunstancia.
El barco pese a ser flamante no tuvo problemas y es un placer navegarlo. ¡Después de esta etapa viene lo bueno! Hasta mayo.

Por Horacio Bernasconi y Carlos Duperrón

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