Los históricos navegantes de nuestros tiempos

El mar siempre ha tenido en sus entrañas a grandes aventureros. Desde los legendarios navegantes y descubridores de rutas comerciales y tierras misteriosas, como Cristóbal Colón, Magallanes o el mítico Juan Sebastián El Cano, hasta los más anónimos, pero igual de insólitos y fascinantes, protagonistas de nuestra era.
A continuación, una breve reseña de tres de estos osados contemporáneos, cada uno con sus características y horizontes particulares.
Sinto Bestard, entre el océano y la oscuridad
Mi vida es el mar, estoy mejor entre las olas que en tierra.
Sinto es la encarnación del viaje. De hablar suave, pausado, cautivador, gusta relatar a quien quiera escuchar sus muchos periplos, desde las dos circunnavegaciones que efectuó -una de este a oeste y la otra a la inversa- hasta su reciente expedición a la Antártida. No lo puede evitar, necesita viajar, es una fuerza interior que nunca pudo ni le interesó dominar. Gracias a ella, ha recorrido más de 250.000 millas por todos los rincones  del planeta. Pero existe un dato más acerca de este mallorquín de 74 años que lo hace un marinero muy especial: don Bestard es ciego -por una negligencia médica- desde que cumplió los 41.
Como deportista nato y valiente aventurero, Sinto nos demuestra una vez más que las barreras nos las ponemos nosotros mismos. Es una persona apasionada de la vela y desde el mar disfruta más que nadie de las sensaciones que quizás otras personas no son siquiera capaces de sentir. Los que lo conocen siempre hablan de su energía, optimismo y ganas de vivir. Le gusta lo que hace y quiere que los demás, sobre todo los discapacitados, se animan a probar experiencias nuevas: “Yo, incluso, me he bañado desnudo en la Antártida. ¡Uy! la experiencia es increíble. Te metes en el agua, pegas dos gritos para que te oigan desde España y te vuelves a salir corriendo.”, recuerda en una de sus entrevistas.
Cada ser humano busca sus propias metas. Para este mallorquín, armador del Snooty Fox (el velero estrella de 16 mtrs. de eslora que lo ha paseado por el mundo) ha recorrido más de 250.000 millas el viaje a la Antártida fue la respuesta a su búsqueda de nuevas sensaciones. Para cualquier navegante auténtico, pasar el estrecho de Magallanes y dirigirse hacia la Antártida es lo más que se puede pedir.
Muchos se preguntan cómo una persona ciega se puede manejar sin problemas en un barco de vela, donde en cada paso hay un obstáculo. Por empezar, Sinto conoce perfectamente el Snooty Fox y puede controlar las pequeñas variaciones que suelen surgir en la disposición de los objetos a bordo. Además, tiene muy desarrollados los otros cuatro sentidos, sobre todo el oído: “Escucho el sonido del viento y reconozco su influencia sobre las velas, los cabos y las personas  que me rodean”, comentó el aventurero. Dentro del barco se encuentra perfectamente, como pez en el agua, y no encuentra barreras que le impidan desarrollarse como navegante. Es precisamente en tierra cuando no está tan a gusto.

Patxi Urzaiz, el cazador de islas
Patxi es uno de esos pocos aunque emblemáticos navegantes que, en un arranque de inspiración, piensan en el lugar de este mundo que más les gustaría conocer, sueltan amarras y cambian de vida para siempre.
Natural de Lezo, Guipúzcoa (País Vasco), Patxi dirigía una empresa de buceo profesional y mantenimiento de barcos en el puerto de Hendía (al sur de Barcelona). La empresa iba viento en popa y trabajo no le faltaba, pero un buen día decidió seguir su instinto e irse a la isla de Santorini, en su adorada Grecia. Cerró el negocio, compró una antigua merlucera de 11 metros de eslora -pomposamente llamada “Atlantis”- y puso rumbo al Jónico. Partió el 1 de mayo de 1999 y navegó durante 32 días.
A medio camino entre la península ibérica y la península helénica, ¡le declaró la guerra a los Estados Unidos! Por aquel entonces la OTAN combatía en Serbia. Patxi iba hacia la isla de Corfu y se topó con un convoy de acorazados americanos. Le rodearon, le dieron la orden de detenerse y pidieron que se identificara. La situación se puso tan tensa que Patxi, tipo de pocas pulgas (ninguna de ellas diplomática), decidió hacerles una declaración de guerra. Les expresó que él era europeo y que ellos eran los forasteros por aquellas aguas. Los americanos, enfrentados a este “lunático inofensivo”, festejaron su osadía y lo dejaron tranquilo. Una vez en la costa fue entrevistado por la televisión griega. Aún no había llegado a su destino y ya se hablaba de él en todo el Peloponeso.
Ya instalado, aclimatado y enamorado de aquel hermoso entorno mítico y veraniego, en  poco tiempo se montó una agencia de charters entre la costa y las islas de la región. Con el tiempo, comienza a desarrollar un vivo  interés por la historia y las tradiciones de los pueblitos de pescadores en donde recala.
Desde el año 2000 trabaja como capitán de yate y navega por todas las islas griegas. Le gusta conocer las historias de los lugares que visita y luego divulgarlas. Patxi es un gran narrador. Tiene por costumbre contar relatos marinos a sus clientes -sobre todo cuando hay mala mar y no pueden salir a cubierta- y también a los oyentes de “Levando Anclas”, un famoso programa radial euskadi muy celebrado en toda España. Cada temporada se viene con alguna que otra narración que deja a la audiencia boquiabierta. Por ejemplo, en enero de 2005 habló de las noches misteriosas de la deshabitada isla de Poliegos, en el archipiélago de las Esporadas, en la que todavía se pueden escuchar los murmullos de sus antiguos pobladores, víctimas del iracundo dios Apolo. Poliegos es tan pequeña que apenas aparece en las cartas de navegación. En enero de 2006 narró un grave incidente que tuvo cuando transportaba a unos clientes desde la isla de Ios a la de Morgos. En aquella oportunidad, capitaneaba un navío de 18 metros de eslora y a bordo iban diez personas, incluida una familia. Un repentino y brutal ventarrón los sorprendió y les partió una polea crucial para el desempeño del timón. El velero iba a la deriva y muy cerca de donde asomaban unos filosos arrecifes. Patxi no tuvo mejor opción que bajar a la sentina e intentar dirigir el timón a mano. El pobre diablo, al límite de sus fuerzas y con el cuerpo lleno de moretones, intentaba mantener la calma de la tripulación pero era inútil. Con gran esfuerzo, por fin alcanzaron la entrada del puerto pero aún corrían peligro de estrellarse contra el muelle. Milagrosamente fue una de aquellas olas, “enorme y delicada como la mano de Anfítrite*” la que los arrastró y dejó suavemente a un palmo del amarre.
Otra de sus historias transcurrió a los pocos meses de llegar a Santorini. Acababa de instalar una antena de salvamento y los navegantes locales estaban al tanto del asunto. El primero de noviembre, día de Todos los Santos, recibió la llamada de una niña que pedía ayuda. Decía estar en una embarcación a medio volcar en los islotes de Cristiana. Llegaron hasta donde ella y efectivamente se encontraba sobre un barco que, boca abajo, naufragaba. La niña insistió que su padre se encontraba en la cubierta ahora sumergida. A Patxi le parecía imposible que alguien hubiera sobrevivido en tales circunstancias durante tanto tiempo, pero la niña no desistió. Nuestro héroe se puso el traje de buzo, se sumergió en las aguas del Egeo y, efectivamente, se encontró con el padre de la niña que estaba semiconsciente y enganchado a un cable que le había mantenido la cabeza a flote dentro de un hueco de la embarcación en el que había quedado atrapada una burbuja de aire. ¡De película! Ese hombre resucitó literalmente. Patxi es sin duda el capitán perfecto para navegar por Grecia. Vayamos donde vayamos a Grecia, siempre tiene un amigo. Sabrá donde fondear, como evitar la mala mar, donde realizar los mejores baños, conoce sin duda la mejor taberna de cada lugar y nos contará las más increíbles anécdotas de la mitología y la historia de Grecia.
*Anfítrite: Diosa griega del mar tranquilo y consorte de Poseidón.

Sebastián Clover,
el niño del mar
En diciembre del 2002, un muchachuelo ¡de tan sólo 15 años! partía desde el Puerto de Santa Cruz de Tenerife (Islas Canarias) con el objetivo de cruzar el Océano Atlántico en solitario. La distancia prevista para la travesía era de unas 2.700 millas marinas (como destino había elegido a la Isla de Antigua en el Caribe), lo que traducido a kilómetros suponen unos 5.000. Y lo consiguió.
Con esta proeza, Sebastián se ha convertido en el navegante transoceánico más joven de la historia de la navegación, superando al australiano David Dicks en la marca de precocidad. La verdad es que, si se lo piensa un poco, la travesía es una auténtica locura por lo arriesgada y peligrosa, y no muy recomendada para un chico de esa edad. Pero resulta que Seb, en aquel entonces, ya era todo un auténtico veterano.
Desde muy pequeño que navega barcos. Su mitología familiar asegura que comenzó a navegar antes que a caminar, y con menos de 12 años ya tomaba la caña de un velero de 16 pies. Ian Clover, padre de Seb e instructor de la Escuela Marina de Wright, afirmaba refiriéndose a su hijo: “No es necesario alarmarse. Seb es un muy buen navegante y conoce al dedillo el terreno que pisa”. Y sucede que el joven, con tan sólo once abriles, había realizado una travesía en solitario de 14 días entre su lugar de residencia en Gran Bretaña y el sur de Portugal.
Sin dudas, el que más le ha animado a cruzar el charco ha sido su padre y la pasión que ambos comparten por el mar. Durante el viaje, Seb lo tuvo a su lado en una embarcación de características similares a la suya, pero sólo en calidad de “compañero distante”, pues para que el récord pudiera certificarse sin ningún problema y así cumplir los objetivos marcados, Seb no podía recibir ayuda externa, de absolutamente nadie.
Para darle un sabor extra a todo le asunto (como si ello hiciera falta) el chico apostó con su padre para ver quién llegaba antes. Seb consiguió completar la travesía en 24 días. Su padre, que le sacó un día de ventaja, fue el encargado de recibirle en el puerto donde se encontraba la meta.

Durante la travesía, padre e hijo rodaron imágenes para la realización de un documental, cuyos beneficios, íntegramente, fueron destinados a la lucha contra el cáncer.

| Quienes Somos | Distribución | Publicidad | Contacto | Archivo | Guía Náutica |
| Brokers | Clima | Tablas de mareas | Cartas Náuticas | Enlaces | Home |



El Mundo de los Barcos Magazine - Copyright © 2003
Primera Junta 996 - 1º "A" (1642) Bajo de San Isidro
Teléfono: (5411) 4742 - 0164
www.barcosmagazine.com - barcos@barcosmagazine.com
Gaby Medei
Nedstat Basic - Web site estadísticas gratuito
El contador para sitios web particulares