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La
ruta del ron
La regata del vale todo
Cansado de travesías oceánicas tradicionales en
barcos que apenas evolucionaban, el publicista francés
Michel Etevenon lanzó una propuesta al aire en 1976.
Quería crear una nueva transat para los barcos más
innovadores en diseño naval.
La ruta también era importante, por eso planeó un
recorrido inédito: la travesía del Atlántico
entre Saint Malo, la legendaria ciudad corsaria, y las Antillas
con una única barrera natural: el archipiélago
de las Azores y su temido anticiclón.
Así nació la Ruta del Ron, sin duda la transat
más famosa de la actualidad. Etevenon consideraba que
había que seguir la evolución tecnológica
y ofrecer todo el apoyo posible a los inventores que fueran capaces
de concebir las embarcaciones más modernas y punteras
de la vanguardia técnica: “No tienen que haber restricciones
de ningún tipo, aseguraba, la consigna es apasionar al
público.” En su primera edición competirían
multicascos y monocascos todos juntos y sin distinciones de clases,
sin restricciones de tamaños y abierta para todo aquel
que quisiera participar. Todos bajo las mismas reglas de juego,
y pudiendo contar con toda la ayuda exterior que desearan.
Poco a poco el proyecto fue tomando cuerpo. Sin embargo, subyacía
otro motivo muy poderoso que animaba a Etevenon a crear esta
regata. El publicista francés quería convertir
esta prueba cuatrianual en un nuevo campo de batallas entre la
vela francesa y la británica.
Nosotros contra ellos
Sin duda el lector conoce bien la tradicional rivalidad que existe
entre franceses e ingleses, una animadversión que se remonta
a los albores de la fundación de ambos países e
incluso antes, si cabe. A lo largo de la historia, esta enemistad
ha desembocado en repetidas guerras y otros conflictos, algunos
económicos, otros territoriales o incluso culturales.
No es de extrañar, pues, que en la actualidad persista
esta rivalidad, incluso en asuntos tan triviales -aunque simbólicas-
como el deporte. Ambas naciones han querido siempre demostrar
a sus vecinos su superioridad en los campos de regatas. Buen
ejemplo de ello fue un incidente que sucedió en 1976,
durante la celebración de la Transat Ostar, una célebre
regata británica que a menudo contaba con participación
gala. Tras una dudosa consideración del comité de
competición, los británicos descalificaron al skipper
francés Alain Colas y a su Club Méditerranée
basándose en que el navegante, con una minusvalía
en el pie derecho, había recibido ayuda durante una escala
técnica en Terranova, algo terminantemente prohibido.
Etevenon fue una de las voces que clamaron venganza por semejante
ultraje. Fue por este motivo que el publicista apostó por
una nueva regata (de origen francés) donde no hubiera
ninguna clase de restricción. En su “Ruta del Ron” todo
estaría permitido, siempre observando un respeto por el
rival, por supuesto.
30 años
y contando
En 1978 se disputaba la primera edición de la Ruta del
Ron con una nutrida participación proveniente de Francia,
Suiza, Italia, Canadá y Estados Unidos. Un total de 35
embarcaciones tomaron la salida. La flota se componía
fundamentalmente de monocascos, aunque también participaron
unos cuantos trimaranes.
De hecho, fue uno de estos multicascos quien venció en
un final épico contra un monocasco. Después de
una reñida travesía, el Olympus Photo del canadiense
Mike Birch cruzó la línea de meta con sólo
48 segundos de ventaja frente al monocasco francés Kriter
V del francés Michel Malinovsky. Tiempo total de la travesía:
23 días, 6 horas y 59 segundos.
Esta primera edición fue considerada un éxito,
aunque hubo que lamentar la desaparición de uno de los
participantes: precisamente Alain Colas, el skipper que fue descalificado
en la Transat Ostar. Lamentablemente, en la edición del
86 sucedió otro tanto con el navegante francés
Loïc Caradec, que desapareció en el mar cuando realizaba
la travesía a bordo de su catamarán Royale II.
Los mejores diseños náuticos en materia estructural
y de seguridad se han ido incorporando progresivamente en las
sucesivas ediciones de la Ruta del Ron. Los monocascos fueron
cediendo terreno a los trimaranes, y posteriormente se ha visto
surgir a los maxi-catamaranes, la apuesta más rápida
y extrema del diseño actual.
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