Abatimiento
y deriva
El viento y la corriente son dos elementos
que pueden desviarnos de nuestra trayectoria. Sus influencias
en nuestro camino son causa del abatimiento y la deriva, respectivamente.
El abatimiento es el producto del accionar del viento sobre la
obra muerta, casco equipo y tripulación expuestos a él.
El efecto de la ola, agua agitada por el viento, sobre el casco
también es parte del abatimiento.
La deriva es la acción del agua que al desplazarse en
una dirección y a una cierta velocidad traslada todo el
conjunto. Tal como si estuviéramos tirando del mantel, éste
y todo lo apoyado se desplazan con relación a la mesa
(el fondo del espejo de agua). Saber corregir el rumbo para compensar
los efectos de abatimiento y deriva son parte de los conocimientos
básicos de todo navegante. Repasemos cómo calcular
estos efectos y cómo compensarlos.
Ya sabemos adónde queremos ir, de la carta sacamos el
rumbo y la distancia a navegar. El rumbo lo corregimos por declinación
magnética y desvío del compás para indicar
al timonel cual es el guarismo a seguir. Ponemos la corredera
en cero y allá vamos. Podríamos estar tentados
de pensar que ya todo está listo y sólo basta esperar
que el indicador de distancia navegada muestre un valor igual
a la distancia a destino, pero no es así.
Seguramente el punto de destino no aparecerá en la proa
a la hora señalada y si no hacemos nada es posible que
nos llevemos puesto algún peligro a la navegación
cercano a nuestra derrota planeada.
Como primera razón de los posibles desvíos puede
suceder que el viento no llegue desde la dirección apropiada
para hacer el trayecto directo y debamos dar bordes para alcanzar
la meta. Por otro lado la acción del viento producirá cierto
abatimiento de la nave hacia sotavento y finalmente la corriente
llevará al conjunto, junto con ella, para donde
corra. Para saber si marchamos en la dirección deseada
nada mejor que controlar la posición del barco con frecuencia
para comprobar que estamos en derrota. Y si no lo estamos, asumir
donde quedamos, a que lado de la derrota y cuan distante de ella.
Instrumentos de navegación
El principal elemento en la época actual es el GPS. Un
sistema de precisión basado en satélites orbitando
la Tierra que envían señales procesadas por un
diminuto ordenador que elabora información actualizada.
La confianza depositada en él es tal que se han desechado,
en algunos casos, los tradicionales instrumentos que sirvieron
al navegante del siglo pasado.
Es momento oportuno para informar que se esperan tormentas solares
durante el invierno y se ha anunciado que las emisiones de los
satélites pueden sufrir perturbaciones hasta quedar inactivas
por momentos.
Conocida la posición y el punto de destino el GPS brinda
detallada información para dar respuesta a todas las preguntas
del navegante.
Los datos pueden presentarse en forma analógica, grafica
o digital de manera de satisfacer a cualquier operador. El enlace
de los satélites con el planeta permite conocer la posición
con respecto al fondo y los reales progresos de la navegación. Por
ello es bueno seguir llevando y usando, de vez en cuando, los
elementales instrumentos de navegación, compás
de mano, regla paralela o plotter, compás de punta seca,
prismáticos y sextante.
Ir contra el abatimiento
Como siempre, es mejor prevenir que curar. A la hora de navegar,
es preferible pensar de antemano en los factores que van a desviarnos
de nuestra ruta, antes que tener que reaccionar cuando ya nos
sacaron de rumbo. Por ello, lo primero que tenemos que hacer
es prever el abatimiento y la corriente que van a apartarnos
de nuestra trayectoria. El abatimiento afecta, sin duda, más
a los veleros que a los cruceros, éstos tampoco están
exentas de sus efectos.
El abatimiento se calcula en grados y lo más normal es
preverlo de antemano para corregir el rumbo desde el momento
mismo de la salida. Esta previsión la iremos actualizando
en función del viento que tenemos. Así, por ejemplo,
si empezamos a navegar con un viento de fuerza 3 por la aleta,
el abatimiento es casi despreciable. Pero a medida que el viento
vaya rolando hacia la proa, empezará a influir en nuestro
rumbo efectivo. En un velero moderno, puede llegar a ser de entre
5 y 10º en ceñida, algo más si se trata de
un diseño antiguo de quilla corrida, como algunos barcos
de crucero.
Algunos patrones miden con bastante exactitud los grados del
abatimiento con la ayuda de un transportador de ángulos.
Lo colocan contra el espejo de popa tras pasar un hilo fino de
pescar por su centro y lastrar con un pequeño plomo el
largo chicote que lanzan al agua. El hilo no seguirá exactamente
nuestra línea de crujía, sino que se desviará unos
pocos grados: ese es el abatimiento. De todas formas, con un
poco de experiencia y conocimiento del barco, podremos calcular
el abatimiento “a ojo” y no nos equivocaremos por
mucho. La corrección es obvia: hay que orzar estos mismos
grados para mantenernos en el rumbo previsto. Si recibimos el
viento por babor, el abatimiento es a estribor y la corrección
de signo negativo; si recibimos el viento por estribor, el abatimiento
es a babor y la corrección de signo positivo.
El cálculo de la corriente
Si el abatimiento es el desvío que nos provoca el efecto
del viento sobre la obra muerta del barco, la deriva es la desviación
que nos causa la corriente. Conocer con exactitud la corriente
que vamos a encontrar es más difícil que calcular
la influencia del viento, pero no por ello tenemos que renunciar
a prever sus efectos de antemano. Lo primero es informarnos.
Y para ello tenemos que estudiar las cartas, los derroteros y
las guías náuticas, que nos suelen indicar las
corrientes habituales en cada zona, e incluso la dirección
y la fuerza o intensidad horaria de la corriente causada por
las mareas.
La experiencia, unida al conocimiento del área, puede
permitirnos corregir ligeramente estas predicciones genéricas:
un viento fuerte de la misma dirección durante un par
de días puede provocar una corriente en el mismo sentido,
que seguramente persistirá unos días o unas horas
cuando el viento deje de soplar. Una vez conocida (o estimada)
la corriente que encontraremos, se trata de corregir el rumbo
antes de que realmente nos apartemos de la ruta prevista. Para
ello, y desde el punto de partida (A) dibujaremos sobre la carta
el rumbo (AX) y desde el mismo punto A trazaremos el vector corriente
con su intensidad horaria (AB). Finalmente, abrimos el compás
de puntas con la velocidad a la que en principio navegaremos
y desde el punto B (el punto al que nos desplazaría la
corriente en una hora si nos mantuviéramos al pairo) cortamos
la recta AX en C. Si queremos ir en la dirección deseada,
debemos seguir el rumbo que señala la recta BC y nuestra
velocidad de avance sobre el fondo será la que indique
la distancia entre A y C. Hay que tener en cuenta la importancia
de nuestra propia velocidad en la corrección del efecto
de la corriente.
Cómo rectificar el rumbo
Supongamos que no hemos previsto ninguna corriente, sea porque
nos hemos olvidado de calcularla, sea porque pensábamos
que no habría, o que sería despreciable. Avanzamos
sin novedades hacia el rumbo previsto, pero que al cabo de un
par de horas de navegación nos damos cuenta de que nos
estamos desviando de la ruta deseada. Apenas sopla viento, vamos
a motor, estamos convencidos de que nuestro compás funciona
correctamente y, por tanto, en principio, el único motivo
por el que nos hemos desviado es la existencia de una corriente
desconocida. ¿Cómo podemos averiguar la dirección
y velocidad, a fin de corregir nuestro rumbo a partir de ahora?
La solución es muy sencilla. Ante todo, anotamos sobre
la carta el punto de partida (A) y el punto en que nos encontramos
ahora (B). Desde el punto A trazamos una recta con el rumbo previsto,
hasta el lugar en el que teóricamente deberíamos
estar ahora (AC). En el tiempo transcurrido desde la salida,
la corriente nos ha desplazado desde C hasta B. La dirección
de esta corriente es, por tanto, el rumbo CB y su intensidad
horaria es la parte proporcional a la distancia CB correspondiente
a una hora. Hay que hacer, por tanto, una sencilla regla de tres.
En este caso, la intensidad horaria será la mitad de la
distancia CB, pues hemos dicho que el desplazamiento correspondía
a una navegación de dos horas.
Corriente de ida y vuelta
En algunas ocasiones es preferible no corregir el rumbo para
compensar el efecto de la corriente. El típico ejemplo
en que esto sucede es cuando nos debemos enfrentar a dos corrientes
alternativas opuestas entre sí, fruto de los movimientos
de la marea.
El tiempo previsto para esta travesía es de 12 horas.
Durante las seis primeras sufriremos el efecto de una corriente
del través que nos desplazará hacia babor. La intensidad
de esta corriente irá aumentando durante las tres primeras
horas y disminuirá en las tres siguientes. En la segunda
mitad de la travesía la corriente nos desplazará hacia
estribor, con la misma intensidad horaria que en las seis primeras
horas, pero en sentido contrario. Si corrigiéramos el
rumbo constantemente para mantenernos siempre sobre la ruta directa
entre A y B, acabaríamos navegando más millas (y
por tanto alargando la travesía) que si ignoramos la corriente.
El desplazamiento lateral final será nulo, o sea que al
cabo de 12 horas llegaremos a nuestro punto de destino. En este
caso, sin embargo, debemos analizar con detenimiento la carta
para asegurarnos de que al desviarnos de nuestra ruta (primero
hacia babor y después acercándonos de nuevo a la
recta entre A y B) no correremos ningún peligro en forma
de bajos fondos, excesiva cercanía de tierra, etcétera.