De
San Fernando a Venezuela en Tango Veloz Parte II
La
primera etapa de este viaje, que relaté en Barcos de marzo, terminó con
la llegada del Tango veloz "Andréa del Mar", a Río
de Janeiro. Eso ocurrió el 24 de diciembre del año pasado.
Habíamos hecho un viaje, meteorológicamente perfecto. Juan
Carlo (sin "s"), el dueño y su familia, se quedaron a
bordo y recorrerían la zona de Río e Isla Grande, hasta el
9 de enero. Luego iríamos Horacio Bernasconi, su hijo Javier y yo,
que junto con Simón el marinero de J.C. completaríamos el
viaje.
Asi se hizo. El 10 de enero llegamos al Iate Clube de Río de Janeiro
a medianoche y luego de una reconfortante caipiriña fuimos en lancha
hasta el "Andréa". Allí estaban J.C., su mujer
y Simón. El resto de la familia ya había partido para los
pagos de Chávez.
El día 11 lo dedicamos a la preparación del barco, cargamos
combustible a tanques y tambores llenos, en el surtidor del club donde
tuvimos una agradable sorpresa ya que el diesel era ecológico y
el precio 10% más barato. Luego, por la tarde, hicimos una navegación
fuera de la bahía de Guanabara para ajustar el instrumental y algunos
mecanismos que fueron recorridos en puerto. El tiempo perfecto, sol y muy
poco viento, fue un placer y J.C. y señora muy contentos con su
despedida del barco, hasta nuestra llegada a Venezuela.
Al día siguiente arreglamos los problemas de cambio en un
Banco do Brasil, ya que es muy dificil manejarse con dólares.
Compramos y cargamos los víveres normales.
A 1620 horas, del 12 de enero, largamos la amarra de borneo del ICRJ. Muy
buen tiempo y algo de viento del NNE. Nuestro meteorólogo J.M. Horler
nos informó que para la noche los vientos se mantendrían
del Norte y refrescando algo, pero nada preocupante, luego rotando al Este.
El plan tentativo de navegación era el siguiente: 1a Etapa: Río
de Janeiro a Salvador de Bahia 740 millas. 2a Etapa: Salvador de Bahia
a Fortaleza 815 millas. 3a Etapa: Fortaleza a Degrad des Cannes en las
Guyanas Francesas o Paramaribo en Surinam 1020 ó 1300 millas. 4a
De alguno de los dos puertos anteriores a Puerto Lacruz 880 millas ó 700
millas.
La velocidad ecónomica que nos permitirïa conseguir autonomías
superiores a 800 millas, la habíamos calculado en 11,5 nudos, que
en condiciones normales de mar y viento y con 1200 RPM, el consumo es de
7.63 litros por milla. Este cálculo, que resultó exacto,
lo logramos gracias a la información que las computadora de los
motores nos daban constantemente en los respectivos tableros. A bordo teníamos
7600 litros en los tanques, 1400 en tambores de 200 litros y 960 en bidones
de 60 L., y segun nuestros cálculos consumiríamos hasta Salvador
unos 5600 L. Podíamos navegar tranquilos.
Para Salvador de Bahia
El trayecto hasta Cabo Frío fue muy placentero, dado
que el viento era del Norte, nuestro rumbo a sotavento de la
costa que corre de Oeste al Este. Una vez que viramos Cabo Frío
pusimos un rumbo al ENE y como salimos de la protección
de la costa, empezamos a sentir la onda, justamente de proa,
que fue en aumento hasta tener unos 2 metros como estaba previsto
el viento fue virando hacia el Este y refrescando, hasta formar
los característicos corderitos.
El 13 continuaron las mismas condiciones de viento y marola.
A las 6 pasamos por nuestro través del faro del Cabo
Sao Tome y pusimos rumbo al arrecife de Abrolhos ahora con rumbo NNE.
Tuvimos algunas lloviznas pero por la tarde el viento aflojó bastante
y poco a poco fue al Este. A las 1730 apareció una ballena
y unos cuantos delfines. El cielo comenzó a despejarse.
El marinero venezolano (Simón) no apareció en
todo el dia, supongo porque era domingo o porque el mar movía
mucho al barco!
A 0610 horas del 14, pasamos 3 millas al Oeste del Faro de Abrolhos,
que marca la extremidad de ese arrecife de coral. Viento calmo
y el mar como un espejo, pero quedaba la resaca del viento del
día anterior y la onda , bastante grande, nos hacía
rolar. Desde allí pusimos rumbo directo a la boca de
la Bahia de Todos los Santos o sea Norte.
Toda la noche se navegó en las mismas condiciones del
día. El 15 a la madrugada sigue todo igual y cuando sale
el sol a eso de las 0615 horas, calculamos estar a 2 horas de
Bahia. Apareció Simón cuando nos faltaban 7 millas
para llegar a puerto. Estaba muy contento y dicharachero.
Una nube nos moja con un fuerte aguacero y lava gran parte de
la sal que juntamos en estos dos días. A las 9 entramos
a la Bahia y a las 0925 estábamos atracados al surtidor
flotante próximo al fuerte de San Marcelo, donde nos
dieron la buena noticia que tenían poco combustible.
Ni lo pensamos y fuimos al surtidor de Bahia Marina ya que cargar
los últimos litros de los tanques es mugre segura. Allí no
hubo problema, cargamos 5800 litros, algo más de lo calculado
debido al constante uso de los generadores. Zarpamos y salimos
de la marina, fondeamos fuera de ella, en un lugar muy agradable
y con vista a la lindísima ciudad. Preparamos el almuerzo,
comimos en el flying bridge y a eso de las 1400 horas dimos
por terminado el descanso. Levamos e iniciamos la etapa hasta
Fortaleza a 815 millas de Bahia. Teníamos que aprovechar
el buen tiempo. Debe parecer un disparate no haber bajado para
dar una vuelta por la ciudad alta y gozar del pintoresquismo
de esta historica Salvador, con 365 iglesias, todo en estilo
colonial portugues etc, etc, pero... tendríamos
que haber hecho todos los trámites de entrada y salida,
de lo cual recordamos complicaciones infinitas y viajes que
tuvimos que hacer entre el centro, puerto, capitanía,
aduanas, salud pública y otros antros más.
Ahora a Fortaleza
Pasamos a eso de las 1440 horas al S del Farol da Barra (por
el N es imposible) ya que es el extremo sur de la ciudad. Comenzamos
a barajar la costa con rumbo NNE. Continuaba el viento suave
a moderado del Este, producido por un centro de baja presión,
ubicado al este y a unas 250 millas de la costa. Esto iría
cambiando ya que si nosotros navegábamos al Norte, los
vientos generados por esa baja rotarían al SE y SSE.
Palabras de J.M.H. que por suerte se cumplieron.
Habíamos establecido 1100 RPM, la velocidad de 11,3 nudos
y con muy bajo consumo: 6,63 litros por milla. Día 16,
a la mañana, con cielo bastante nublado y viento del
ESE calmando como lo hacía todas las mañanas.
Despues de la puesta del sol refrescaba algo. El día
17, fuimos cambiando el rumbo yendo más al N, para seguir
la curva de la costa y a las 10 de la mañana teniendo
por el través a Cabedelo, ponemos rumbo NNW para recalar
en el Cabo Calcanhar, extremo oriental de Brasil.
Esa mañana empezamos a ver los botes de pesca con vela
latina (jangadas). Al medio día, Horacio hace una rica
carne al horno con papas, zanahorias y cebollas. Bebida "suco
de abacaxi". En navegación no se toma alcohol porque
las guardias deben ser de una concentración absoluta,
esta es una zona de muchísima pesca artesanal y de la
otra. De noche son muy pocos los pesqueros que tienen las luces
encendidas.
Por la noche viramos el Cabo Calcanhar y pusimos rumbo al NW,
directo a Fortaleza.
Al mediodía entramos a la marina del Park Hotel, con
muy buen tiempo y viento moderado. Fondeamos y amarramos a la
mediterránea, o sea popa al muelle. Fuimos muy bien recibidos
por el Armando, Contramaestre de la marina, quien nos tramitó la
carga de combustible porque en ese puerto no hay surtidores.
Contrató a una persona de una estación de servicio
próxima, quien con un tanque rodante de 2000 litros,
haría los viajes que fuesen necesarios. Como el muelle
está lejos de los flotadores que forman la marina, nos
pasó una larga manguera, y con una bomba eléctrica
portátil mandaba el combustible a bordo.
Como la maniobra sería lenta, aprovechamos el tiempo
cambiando el aceite y filtros de los motores principales, cosa
nada rápida, ya que se debía extraer el aceite
viejo con una bombita manual fija a los motores y cada carter
lleva 85 litros.
Para Degrad des Cannes o Paramaribo
El 19 de diciembre iniciamos la maniobra de zarpada a eso de
las 8 de la mañana. Pusimos un rumbo WNW y como notamos
que la corriente tiraba en esa dirección bajamos revoluciones
a 1075 RPM y manteníamos la velocidad medida con GPS
de 11,5 nudos. El consumo bajó a 6,4 litros por milla.
El resto del día transcurrió muy tranquilo, matizado
por las jangadas de los pescadores. Es un placer verlas navegar
con esas velas latinas, de muchos colores, pues las hacen con
los retazos de telas que consiguen, no obstante le dan muy buena
forma. La propulsión es esa, auxiliada si es necesario
por unos pesados remos. Luces y radio ni hablar. Viven a lo
largo de todas las buenísimas playas de esa costa brasileña.
Cuando regresan las varan en las playas y allí quedan
hasta el día siguiente. Pensar que nosotros si no tenemos
GPS, radio, filtros de repuesto, freezer, etc no nos animamos
a navegar. Pero ellos tienen algo a favor con respecto a nuestras
zonas de navegación y es el clima estable y cálido.
Siempre tienen viento de los sectores del Este que muy rara
vez para. Las tormentas de lluvia y viento no son feroces y
duran muy poco.
Domingo 20, el viento se pone del NE y refresca un poco. Como
nuestro rumbo ahora es NW y la onda coincide con el viento,
el barco comienza a rolar lindo. Estos cascos veloces
necesitan planear para evitar ese incómodo rolido y como
nosotros utilizamos una velocidad por debajo de ello tenemos
que soportarlo para conseguir mayor autonomía.
Pese a no haber cambiado las revoluciones la velocidad aumenta
a 12 nudos. Es evidente que nos estamos montando en la corriente
Nordecuatorial. Consumo 6,3 litros por milla. A las 5 de la
tarde cruzamos el Ecuador. A 1730 iniciamos la ceremonia de
bautismo de los neófitos. Se hizo en proa y Javier se
aguantó estoicamente el baño de un ungüento
asqueroso, recibiendo el nombre de "Pez Sable". Simón
se rehusó a tan extraña ceremonia de la cual no
entendió nada.
A eso de las 22 horas sonó la alarma de incendio en máquinas.
Horacio y Simón verificaron que era una falsa alarma
debido a la acumulación de grasa en los sensores los
cuales fueron limpiados y todo continuó normal. Durante
la mañana me comunico telefonicamente con el puerto de
Degrad des Cannes y me informan que el precio del gasoil es
de 1.2 euros el litro o sea carísimo. Hacemos con Horacio
un cálculo del combustible remanente., y como la corriente
a favor es cada vez mayor, decidimos entrar a Paramaribo, 180
millas más lejos. Allí el Diesel cuesta 85 centavos
de dólar el litro y la posibilidad de carga es razonable. Continúan
los fuertes rolidos, pero como ya estamos acostumbrados, vivimos
comodamente, lo que nos da tiempo para pensar y repensar nuestras
acciones futuras y en definitiva, soñar. Todo muy dificil
de hacer en Buenos Aires.
A las 11 refresca el viento y se levantan corderitos salpicando
constantemente la cubierta y flying bridge. Esto es una lástima
porque no se puede estar en ese lugar, desde donde se goza muchísmo
de ese mar azul profundo. La velocidad aumenta a 14 nudos, sin
tocar las revoluciones que sigue en 1075, lo que da un consumo
increiblemente bajo: 5.6 litros/milla. ¡Bendita corriente!.
Por la tarde el viento es de fuerza 6 y siempre del NE, no nos
frena, pero como levanta olas de más de 3 metros, los
rolidos son muy duros y cada tanto viene una ola maldita que
es la suma de varias ondas que se ponen en fase y se superponen.
Simón volvió a su lugar de reclusión. Durante
el día alternamos nuestras guardias con la lectura y
nos vamos pasando los libros al terminarlos, haciendo los correspondientes
comentarios. Por las noches mucho chocolate negro, muy efectivo
para mantenerse atento y no dormirse en las guardias. Es imposible
calentar agua porque las cocinas son para puerto y los microondas
no tienen forma de fijar los recipientes. Por lo tanto ni té ni
café. Por suerte el "Pez Sable" (Javier) heredó el
estómago de su padre, Horacio. Día 22, el viento
por la noche continó con fuerza 6 y 7, pero a media mañana
comienza a amainar. A 1405 dejamos por el través
de babor y a unas 15 millas, la entrada al puerto de las Guyanas
Francesa. Es una lástima no entrar, pues teníamos
ganas de conocer ese lugar que es un enclave de Francia en plena
selva ecuatorial de América del Sur. Según tengo
entendido, es una mezcla del refinamiento francés y las
costumbres de la gente caribeña, algo muy atractivo.
La velocidad aumentó a 14.5 nudos, calculamos una corriente
a favor de unos 3 a 4 nudos.
Paramaribo, el puerto al cual decidimos entrar es la capital
de la antigua Guyana Holandesa. Holanda le dio la independencia,
pero sus empresas dedicadas a la extracción de la bauxita,
pozos de petróleo y destilerías aun las usufructuan
los holandeses. Actualmente se llama Surinam.
Día 23. Durante la noche anterior y en la madrugada,
el viento bajó a fuerza 5/6 y a las 0600 horas recalamos
en la boya que marca el canal de entrada y ya con mar suave
recorrimos ese canal, que está muy bien balizado. El
recorrido hasta el muelle de la destilería es de 17 millas
en el río, dejando la pintoresca ciudad por estribor,
un casco grande de un naufragio que aflora por babor y por fin
un enorme puente nuevo (tiene 5 años). Desde allí a
1,5 millas, en la ribera de estribor, entrando, está el
muelle, donde nos amarramos a una chata de combustible atracada,
eran las 0930.
Habíamos recorrido casi 1320 millas en 97 horas, a un
promedio de 13,6 nudos, de muelle a muelle y en los tanques
nos quedaban unos 2600 litros. Javier y yo fuimos en taxi a
las oficinas administrativas donde previo cálculo, pagamos
lo que íbamos a cargar!. Si uno se equivoca no se que
pasaría, pero me imagino un lío burocrático
de varias horas.
Nos atendieron más que bien, tanto en la destilería
como en las oficinas de la administración. Por suerte
casi todos hablan Inglés y nos pudimos entender. Los
otros idiomas que normalmente usan son el holandés y
el papiamento, éste es una mezcla de holandés,
inglés, ruso, guaraní y otros, pero ellos lo pronuncian
mal... Parece que Paramaribo ha mejorado mucho desde nuestro último
paso, hace un poco más de 2 años. La ciudad se
ve prolija y limpia, la gente mejor vestida, casas bien pintadas
y muchas construcciones nuevas, especialmente casas elegantes
y grandes.
Última etapa
Por fin a las 1645 zarpamos, luego de luchar con la computadora
de un motor que impedía su puesta en marcha. Finalmente
supimos que se debía a una mala maniobra al pasar el
comando morse de la timonera interna a la externa. Parece que
no le gustaba a la computadora como lo hicimos.
Salimos por el largo canal con corriente de creciente que tiraba
sus buenos 3 nudos. Ese dia la amplitud de marea era de
2,7 metros lo que causa esas fuertes corrientes, que es bueno
tenerlas en cuenta si se fondea y en las maniobras.
A las 1900 dejamos el canal de acceso y pusimos rumbo a Venezuela.
Juan Carlo el propietario, nos llamó por teléfono
y nos pidió que lo busquemos en la isla Margarita, nos
esperaría en la marina del Hotel Hilton. Allí pusimos
la proa.
Todo estaba tranquilo y hasta Simón aparecía bastante
seguido. El jueves 24 amaneció con pocas nubes, viento
y ola como siempre. De vez en cuando se viene un chubasquito.
Por la tarde aumentamos a 1200 RPM y así podemos mantener
un promedio de 14 nudos, la corriente es algo más suave
pero siempre en dirección de nuestra derrota.
25 de enero, a las 0000 hs., ¡aparece un sol naciente
por proa!. Son los gases en ignición de la primera de
muchas torres de extracción de petróleo de Trinidad
Tobago. A partir de allí nuestra derrota se convierte
en un slalom, porque hay que darles un respeto de 5 millas,
y siempre aparece una en la proa. A las 6 de la mañana
recalamos en Punta Galera, el extremo NE de la isla Trinidad.
Un tiempo espléndido con viento de popa de unos 22 nudos
y un mar cada vez más calmo. Barajamos la costa norte
de Trinidad, donde encontramos mucho tránsito de lanchas
y ferries que cruzaban a y desde Tobago. Al mediodía
ya habíamos alcanzado la costa venezolana del Golfo de
Paria. Para poder llegar de día a la marina de Margarita,
aumentamos a 1650 RPM. y comenzamos a planear a 18 nudos. Mar
calmo y Simón olfateando con deleite el aire venezolano.
A las 1700 atracamos a la famosa marina del Hilton de la isla
Margarita. Gran desilusión realmente una marina del 10° mundo.
Es la peor que vi en mi vida. De Río de Janeiro hasta
Venezuela tardamos 13 días y media hora. Arranchamos
el barco y luego de un necesario baño fuimos a comer
unos buenos pescados y cerveza, en un boliche más o menos
próximo a la marina. Nos dieron de comer muy bien, pero
resultó carísimo ya que los precios están
dados en bolívares que al cambio oficial nos hubiese
resultado barato, pero tuvimos que pagarlo al cambio negro que
es muchísimo más alto, si queremos cambiar primero,
también se pierde de la misma manera. Una estafa que
se aplica a cualquier turista.
Al día siguiente, sábado 26 de enero, a las 10
de la mañana llegaron Juan Carlo, su señora Mariel
y Eduardo, hermano de Mariel. Ese día nos dedicamos a
hacer los trámites de entrada de las personas y del barco,
que tiene bandera de Panamá. Vino a bordo un capitán
mercante del ministerio de transportes (Capitanía de
Puerto) quien organizó todo: capitanía, migraciones
y aduanas. Esos trámites finalizaron a las 7 de la tarde
y pese a que los aranceles son bajos, como parece que es norma
en este país caribeño, tuvimos que pagar un "extra" muy
generoso (varios billetes verdes con Benjamín Franklin
en una de sus caras). Realmente un asco. Más tarde fuimos
con Javier y Simón a un boliche del centro donde comimos
unas pizzas. El lugar nos resultó muy poco atractivo.
Día 27 permanecimos en puerto arreglando nuestras cosas
y esperando. Día 28 zarpamos a las 11 de la mañana
con destino a puerto Lacruz a 60 millas de Margarita y navegando
a 24 nudos y por momentos 30, llegamos unos minutos antes de
las 2 de la tarde. Amarramos en la Marina Américo Vespuccio,
luego de deambular por varios surtidores buscando el mejor precio
del Diesel. En Venezuela prácticamente lo regalan pero
sólo para los barcos venezolanos. En nuestro caso, con
bandera de Panamá es mucho más caro, pero para
nosotros sigue siendo barato. A las 18 horas nos hicieron las
reservas para un vuelo a Buenos Aires. Al día siguiente,
nos despedimos de la familia Bruschi, de Simón y de este
Tango 85 que con tanta velocidad, confort y seguridad nos trajo
hasta el Caribe. Se hizo querer!.
Por Horacio Bernasconi y Carlos Duperrón