Sobre
la ruta de Darwin Parte 7
Un viaje desde las Galápagos a Italia
pasando por el Sur de América 27 de febrero 2007 Posición:
47°43',9 S - 074°52',2W. Caleta Ideal. Fondeados al ancla. Hora
12:35 LT.
Viento Norte a 25 nudos. Presión 101123 Mb bajando, cobertura
del cielo 8/8. Húmedo y con una lluvia en aguaceros intermitentes;
bruma. Temperatura 8 grados.
Para navegar todos todos los canales chilenos existen algunos derroteros
y guías, pero nosotros, que teníamos varias opciones,
usamos una escrita por una pareja de italianos -Mariolina y Giorgio del
Saudade III-, que habían pasado varios años en una tranquila
navegación haciendo un relevamiento que fue para nosotros una ayuda
invalorable por su claridad en las descripciones de cuanta caleta y fiordo
pudimos encontrar. Es realmente muy detallada y con unos gráficos
y croquis que hacen inconfundible la identificadión de prácticamente
todo lo que se ve. Gracias por su trabajo.
Abandonamos ahora sus consejos porque después de una larga noche
en esta caleta que tiene un nombre bien merecido: ideal y lo es por muchas
razones.
La primera es que es muy protegida, y luego porque nos pone frente a una
salida al Pacífico, justo debajo del Faro San Pedro, que es la boca
del ingreso al Canal Messier, el primero de los canales del Sur que nos
llevará derecho y directamente a la Tierra del Fuego.
La segunda es su forma: una larga bahía entre las islas Schoder
y Wager y con un acceso fácil y profundo y con un paso por el Norte
del tendedero que nos repara de la feroz onda del norte que se está alzando
cada vez más fuerte y alta y rompiente a causa de la borrasca que
se acerca.
Otra razón es la naturaleza de su fondo: arena compacta y barro
aseguran la tenida de la cadena y del ancla aún en caso de vientos
fuertes -y ahí los hay siempre-. Filippo mandó a Marco y
a Damiano a largar una segunda ancla de 50 kilos y sus 15 metros de cadena
seguidos de 50 de cabo de 28 mm, 50 ° a la izquierda del ancla principal.
Esta operación, que dura un buen rato permite al barco una tenida
suplementaria al tirón del viento y de la corriente y además
nos limita un poco el ir al borneo y así reduciendo el movimiento
del casco dentro de la bahía.
Habíamos pasado de Este a Oeste el archipiélago de las Guatecas.
Luego Seno Aysen, Canal Errazuriz, Canal Pullece y por último Canal
abandonado.
Habíamos sido empujados por corrientes de hasta 8 kts con grandes
remolinos empujando a la Adriática velozmente hacia la costa y sólo
la atención de todos y la gran pericia del timonel -en este caso
Filippo- permitieron pasar franco los peligros. La navegación es
constantemente atenta. Todo lo que se aprende como relevamientos, correcciones,
diagramas de la corriente, verificaciones a vista y entrenamiento físico
son puestos en práctica en un barco grande en esos lugares.
Las cartas electrónicas le “chingan” por otras dos millas
en muchos puntos, los errores más grandes y frecuentes son
de Latitud. Así la navegación es constantemente atenta aunque
se ande en las horas de luz solamente.
Aún así, las cartas del Servicio Hidrográfico Chileno,
las de papel, son perfectamente precisas y nos permite confrontar la posición
todo el tiempo con lo que verificamos en el plotter y la realidad a la
vista. Bendita electrónica a la que tanta comodidad le debemos!
; no nos hace olvidar que siempre dice: “es una ayuda a la navegación” pero
vemos otra vez que el primordial problema marinero: dónde está mi
barco…? no debe fiarse sólo a las cartas en esta región.
Tenemos un buen pronóstico para partir al día siguiente y
como siempre el pronóstico es cierto! No se equivoca. El instinto
nuestro es “interfacear” la información con la que llega
por fax, por BLU desde Bahía Blanca con la diaria charla a las 21:00
hs entre Ricardo -abnegado aún en las peores condiciones frente
al equipo hasta que conectaba- y el Vasco en tierra; con el informe que
llegaba la compu por el sistema Pactor mediante, nuestras observaciones
barométricas, etc.
Aquí les cuento que el viento no puede ser determinado con mucha
precisión porque la tendencia es la de encajonarse en la dirección
general de los canales.
Si todo lo que veíamos no coincidía en algún punto,
pues seguíamos nuestro instinto marinero y así, haciendo
caso omiso a lo que el resto de la tripulación y científicos
opinaban, fuimos ganando barlovento contra una fuerte onda del SW a vela
y motor y aprovechando una pequeña veta de contracorriente que encontramos
a favor ; tardecita, ya a las 20:00 hs y se nos viene el “tramonto” y
seguimos navegando.
Comunicábamos nuestra posición y avance a las 8 am y 8 pm.
Ricardo estaba en funciones de Oficial de Radio.
Se oscurece demasiado temprano para nuestro gusto. A varias millas justo
cuando no se ven más los paredones de roca, aparece el destello
de un faro. Pero aunque esto fue reconfortante desapareció en algo
menos de dos horas.
La Adriática era levantada desde proa por una onda de más
de 3 metros que llegaba cada 5 segundos (o parecía) y era
dejada en el seno entre ellas y la estela era enorme y espumosa.
Cada tanto nos tomaba más fuerte y el golpe sacudía brutalmente
el casco, mástil y la jarcia trepidaba con enorme estruendo.
Las guardias eran las mismas: Marco y Damiano de 23:00 a 02:00; Filippo,
una guardia en solitario y más corta de 02:00 a 04:00 y Ricardo
y yo de 4:00 a 07:00 y así iba la cosa…
Al alba estamos nuevamente en el Pacífico meridional con todo su
esplendor; mar gruesa y confusa. Un color azul que pocas veces se
ve y una energía digna de un Titán como Océano, se
acuerdan?
Albatros. De los más grandes: de cejas. Algunos leones marinos
bien adentrados en el mar…un ensordecedor rumor del viento y del
camino del barco nos hace olvidar ya del paso en alguna angostura donde
se cruzaban en el punto más estrecho (y con nosotros en el medioooo!)
dos portacontenedores.
Otra vez el mar!
Soñamos con Ushuaia, todos. Los italianos no la conocían
de antes y yo… tampoco.
Sabíamos que nos esperaba un trabajo pesado al cambiar un obenque
sin más ayuda que nuestras herramientas de a bordo y la pericia
que hace que nunca ninguno de nosotros se rompiera un dedo. Literalmente.
Habíamos tenido una desgraciada información de profundidad
en un puerto que nos hizo cometer una maniobra de arribo por la banda a
un muelle a sotavento con un vientito fuerte que nos apretaba y a
mi alarma de “…FONDOOO…!” debimos salir en un
instante y la marcha atrás hizo que una altísima proa de
una fragata o aviso chileno, nos interrumpiera el camino al paso del obenque
alto de estribor: éste fue estirado como una cuerda de un arco mientras
Adrática daba atrás con potencia de forma que todos vimos
pivotear ligeramente ese enorme mástil de casi 29 mt como si fuera
un policía que con los brazos extendidos daba un giro dirigiendo
el tránsito. Bueh, exagero un poco! Lo que no exagero fue un suceso
que casi me para el corazón: frente a semejante peligro que era
que el palo cediera o que simplemente el obenque fallara o simplemente
se liberara en un latigazo MUY violento, cuando sucede esto en 1 ó 2
segundos nuestro Segundo al mando: Ricardo se aferra con todas sus fuerzas
al obenque peligrosamente tratando de separar las 50 ton de desplazamiento
(que ciaban con fuerza y eran a su vez contenidas en su avance por la nariz
gris del barco de guerra a unos 7 m de altura) de la esquina del muelle
por donde se asomaba a 90° de nuestra posición la proa del barco
de guerra. En un grito al mismo tiempo de un salto lo prendí con
todas mis fuerzas para sacar a ese VALIENTE e inconsciente loco de ese
lugar a punto de romperse produciendo mucho daño. Ahí me
di cuenta de Ricardo tiene mucha polenta en sus brazos y en su tozudez
me pareció interminable el tiempo que me tomó arrancarlo
del cable mientras esperaba que algo sucediera en cualquier momento: zafamos
todos, yo lo saqué creo que más a fuerza de mis gritos desaforados
que por el tackle al pecho que resistió como aguantó el mástil. No
así una landa en el mástil donde llegan los obenques bajos.
A pesar de su gran plancha de acero se cortó a la cizalla.
La reemplazamos junto con el obenque en la bahía de Ushuaia. Ahí llegó a
ayudarnos como refuerzo de la tripulación en la pierna hasta Mar
del Plata, un tipazo de gran capacidad : Martín Alonso, de gran
experiencia en la construcción de cascos de acero y de una excelente
predisposición en la maniobra, en la convivencia y bastante buen
cocinero comparado con los tanos que se las traían. La yapa: vino
acompañado de una visitante francesa que había conocido en
el aeropuerto, una aventurera que suavizó todo lo impetuoso del
temporal que nos ocupará la próxima nota. Paola Benetton,
(foto)
Así reemplazamos el último grupo de científicos de
Roma por mano de obra y fuimos también acompañados antes
de zarpar hacia la Isla de los Estados por amigos que se acercaron para
darnos sus saludos, por periodistas, autoridades, lobos marinos, gaviotas
cocineras y muchos especímenes más como Andrea y Ricardo
II que fueron los dos más nuevos marineros itálicos de invalorable
ayuda en todo, desde los trabajos más domésticos hasta los
más pesados (y todo sin chistar y con una sonrisa permanente)
Cuando terminemos los trabajos de alistamiento y el tiempo haga pasar estos
temporales en puerto, zarpamos… nos vemos en la I de los Estados.
Fernando Zerbo