Baron
B en el Fin del Mundo….
Las nubes fueron cediendo
a la blancura de los picos que rodean a Ushuaia, y lo que
se veía a través de la ventana del avión
anunciaba días cargados de travesías, contemplación
artística, descubrimiento gastronómico y, omnipresentes,
las copas siempre llenas de Baron B. Una vez en tierra, el
punzante frío patagónico fue mitigado por una
cálida bienvenida en el Hotel las Hayas que, ubicado
camino al glaciar Martial, ofreció una imponente vista
del canal de Beagle rodeado por la pintoresca ciudad.
Ya instalados y con el espíritu preparado para nuevas
experiencias, el grupo de entusiastas partió rumbo
a Reina Mora, el restaurante del Hotel Los Cauquenes, reducto
gourmet sobre la orilla misma del canal. Especialmente pensados
por el Chef, la sopa de choclo con ostras, el ojo de bife
de cerdo y el biscuit de remolacha y chocolate fueron el
pasaporte para una tarde de mar y viento. El canal de Beagle
y su hálito helado recibieron a todos con una exhibición
de lobos de uno y dos pelos, enormes aves marinas y un pequeño
faro que otrora hubiera guiado a intrépidos navegantes.
Luego de haber navegado durante dos horas, los expedicionarios
fueron llevados a sus cuartos de hotel para predisponer el
espíritu a disfrutar de emocionantes expresiones musicales
interpretadas por una sinfónica compuesta por músicos
de todas partes del mundo y conformada especialmente para
el Festival de Ushuaia.
El concierto culminó con un brindis preparado para
disfrutar de heladas copas de Baron B.
El orden y la cordura de Schubert encontraron su Némesis
en un santuario gourmand de loca simpleza y armonioso caos.
Presidido por su propietario y cocinero Lino, Volver recrea
un ambiente de nostalgia y familiaridad inesperadas en tierras
tan lejanas: comer una enorme centolla junto al Che Guevara
con un triciclo colgando sobre la cabeza es realmente una
experiencia única.
Por la mañana, camionetas 4x4 esperaban -ya cubiertas
de nieve- para emprender un nuevo camino, esta vez hacia
los escabrosos senderos que circundan el lago Fagnano. Rodeados
por ñires, lengas y la bruma del alba, los respingos
y sobresaltos animaron un trayecto que terminó en
la orilla misma del lago: un refugio simple pero soñado
aguardaba, ajeno al bullicio urbano, con una salamandra encendida
y la promesa de un asado bajo las gotas de la lluvia. Entre
juegos de backgamon y anécdotas de viaje circularon
alegres las copas de Baron B. Con los espíritus en-cendidos
y el cuerpo cansado se emprendió el retorno hacia
Las Hayas. La prometedora música volvía a ser
protagonista de la mano eximia de apasionado violinista que
arrancó emoción y alegría con la misma
cadencia de la nieve que caía a sus espaldas.
Por la noche el anfitrión fue Manu, el más
fueguino entre los franceses, que cocinó especialmente
lo que sería la última de una serie de comidas
memorables; una degustación de pescados ahumados en
el lugar, un cordero antológico y para el postre la
autóctona y diferente “textura de calafate”.
Así terminó esta
experiencia austral, propuesta fiel a la naturaleza de Baron
B: pequeños momentos
de extraordinaria grandeza, el placer de la inmensidad y de
encontrarse a uno mismo, el sabor de lo puramente genuino.