Reglamento
de regatas o reglas de vida?
Algunas reglas que todos deberíamos cumplir. Durante
el pasado mes de febrero se corrieron las tradicionales Semana
de Mar del Plata y Semana Internacional del Mar, en las que
me distinguieron como presidente de la Comisión de
Protestas.
Como las IR contemplaban la vigencia del Apéndice
P del RRV, hubo que designar jueces en el agua, para lo cual
en un gomón fui yo y en el otro conté con la
inestimable, y más agradable aún, colaboración
de Roberto Authier.
Nuestra dedicación estuvo focalizada en las clases
que corrían selectivos, y esas regatas se desarrollaban
en las canchas que se fondeaban fuera del puerto, quedando
en el ante-puerto sólo Optimist Principiantes, razón
por la cual nunca los veía correr.
Un día salí un poco mas tarde y crucé el
ante-puerto en plena regata de los “Princi” y
aproveché para mirarlos un rato.
Me instalé con el gomón en la marca de barlovento
y los esperé. A medida que se acercaban comencé a
imaginarme lo que venía, que por otro lado no era
un ejercicio muy difícil. Dentro del puerto no se
pueden fondear recorridos demasiado largos, por lo que los
barcos no tienen mucha oportunidad de separarse entre ellos,
salvo por grupos más o menos parejos. Pero como los “Princi” son
tantos, esos grupos son bastante numerosos. Bueno, a esta
altura ustedes ya habrán hecho el ejercicio de imaginación
y se estarán representando en sus mentes exactamente
el caos que yo veía en persona cada vez que uno de
estos grupos se aprestaba a virar la marca.
No voy a describir la situación en detalle, porque,
insisto, era tal cual se la acaban de imaginar ustedes.
Espantado con ese cuadro salí raudamente hacia mi
cancha de regatas, pero mi mente no dejaba de pensar en lo
que mis ojos habían visto. Tengan en cuenta que el
menor de nuestros hijos dejó la clase Optimist hace
unos 14 años, cuando la flota de “Princi” no
era ni tan numerosa ni tan competitiva, y que desde entonces
no había tenido contacto con ellos. Sí con
los Timoneles, pero allí la historia es totalmente
diferente y los problemas también.
Así fue que por la tarde, cuando regresé al
embarcadero, le comenté el caso a Ricky Scherianz
que era el vice-chairman del campeonato, y le sugerí que
pusiera veedores en las marcas, no sólo para intentar
poner un poco de orden, sino también y más
importante, para que los chicos aprendieran que las reglas
no se pueden vulnerar impunemente.
Las situaciones anárquicas conllevan una gran injusticia,
ya que generalmente los primeros en beneficiarse con ellas
son los que más habilidad tienen para vulnerar las
leyes. Eso conduce a que muchas veces y en todos los órdenes,
el número uno no sea el mejor sino el “más
vivo”. Ninguna persona que habite el suelo argentino,
tenga más de 15 años y una mínima dosis
de inquietud como para mirar a su alrededor puede no darse
cuenta de esto. Tampoco puede no darse cuenta de cómo
nos va.
El caso fue que Ricky no sólo aceptó mi propuesta,
sino que además me sugirió dar una charla sobre
reglamento para los “Princi”. La idea me pareció muy
buena por lo que publicamos en el TOA la invitación
para principiantes, entrenadores, oficiales de regata y padres
de principiantes.
El tema de la convocatoria pasó a ser motivo de comentarios
entre los que pululaban por el embarcadero del Yacht Club
Argentino.
Cuando llegó la mañana de la charla con
uno de los ayudantes de marinería limpiamos y ordenamos
el lugar. Orden y limpieza no son temas menores a la hora
de pensar en educar. Luego empecé a llamar a todos
los que andaban por ahí y les pedí que me ayudaran
a llevar las sillas que estaban dispersas por el jardín
frente al restaurante, para formar un anfiteatro en el jardincito
de la parrilla bajo el frondoso sauce, tratando de que todos
estuvieran sentados y con buena visibilidad.
Con grata sorpresa comprobé que la concurrencia había
sido muy buena, al punto tal que las sillas no alcanzaron,
por lo que pedí a los padres y entrenadores que dejaran
los primeros lugares, que eran unas cuatro filas de sillas,
para los chicos y ellos permanecieran parados atrás.
De hecho los protagonistas eran los “Princi”.
Comencé a dar mi charla y a medida que avanzaba me
fui dando cuenta que la atención crecía. Tengo
alguna experiencia en la cátedra y sé cuando
uno interesa o aburre al auditorio.
Mi percepción se confirmó cuando terminé.
Los chicos aplaudieron mucho, los grandes también.
Muchos padres, entrenadores y hasta algunos chicos vinieron
espontáneamente a agradecerme por la charla. Debo
confesar que me emocioné. Parecía que había
tenido más llegada que la esperada.
Durante los cuatro días siguientes la gente no cesó de
pararme para decirme lo necesarias que eran ese tipo de charlas.
Los rosarinos y los de Posadas me pidieron si no podía
ir a sus ciudades para que todos los competidores de sus
clubes tuvieran la oportunidad de participar. Comenzamos
a pensar con la Comisión de Regatas y con la Comisión
de Jueces que deberíamos incorporar en el programa
anual cosas como esta pero en forma sistemática. Parecía
que se estaba gestando algo.
Pero lo más importante fue el impacto en la conducta
de los chicos. Al día siguiente enarbolé la
bandera J en el gomón y partí para la cancha
de “Princi”. Allí recién iba a
poder comprobar el resultado. Debo confesar que si el día
de la charla me emocioné, fue apenas un reflejo de
lo que sentí esa mañana en la cancha de regatas.
Los chicos llegaban al barlovento y pedían agua, cuando
tocaban la marca hacían 360, el que chocaba con malas
se apartaba y hacía 720. Hubo uno que había
hecho de todo: chocó con malas, tocó boya,
en fin… armó un desastre. El caso fue que empezó a
hacer giros sin parar como si fuera un trompo mientras me
miraba como preguntándome si ya era suficiente. No
pude evitar tentarme y con un gesto bastante elocuente le
indiqué que ya estaba bien, que siguiera corriendo.
Los ecos continuaron hasta estos días, por lo que
a pedido de algunas personas acepté transcribir aquella
charla.
Debo confesar que la tarea no me resulta fácil, ya
que no acostumbro a preparar mis discursos ni mis exposiciones.
Simplemente me fijo un par de ideas directrices y a partir
de ellas comienzo a desarrollarlas. Eso trae aparejado que
lo que digo me sale espontáneamente pero después
no tengo una memoria muy exacta de los detalles.
Por este motivo voy a hacer
un gran esfuerzo para intentar reconstruir lo más fidedignamente posible lo que expresé en
aquel momento. Me ayudará ponerme en situación.
A las 9 y media la mañana estaba fresca y diáfana.
Había una brisa suave que apenas se arremolinaba en
el jardincito de la parrilla del embarcadero del Yacht Club.
Sobre la mesa de madera que había puesto al frente
del improvisado anfiteatro tenía todo el material
necesario para dar la charla. El RRV en español y
en inglés, el libro de casos, la cajita con los barquitos,
el manual de jueces... en fin, todo el material que pudiera
necesitar llegado el caso.
Frente a mi estaban todas esas caritas llenas de inocencia
y picardía al mismo tiempo, como preguntándose
que nos irá a decir de nuevo, que cosa interesante
o qué pavada nos dirá este tipo. Un poco más
atrás, de pie, estaban los padres y los entrenadores.
Sus caras eran más expectantes. Como si ellos esperaran
mucho más. Tal vez no sabían muy bien más
de qué, pero debía ser más. Me sorprendió gratamente
la presencia de Ernesto y de Pepe, los oficiales de regata.
Tomé el RRV y comencé diciendo que en esta
corta charla sólo veríamos tres reglas. Dos
de ellas fundamentales.
La primera y más importante de todas es aquella
que nos manda ayudar a aquel que está en peligro.
Nada puede haber que nos impida hacer todo lo que esté a
nuestro alcance para dar toda la ayuda que nos sea posible
a quien vemos que está en peligro. Y esto que parece
una verdad de Perogrullo, en la práctica no lo es.
Cuando un competidor está bien posicionado y ve a
otro competidor en peligro puede tener la tentación
de subestimar la gravedad de la situación. Puede querer
pensar que simplemente se tumbó y ya se adrizará.
Que el tripulante de Cadet desapareció bajo la vela
pero ya va a aparecer y nada ocurrirá. Pero el viento
puede ser muy fuerte, las olas muy grandes y con corderitos,
el agua puede estar muy fría, el timonel o su tripulante
pueden estar muy cansados, la linga o el trapecio pueden
estar enganchando al tripulante. Y así podría
seguir enumerando situaciones o posibilidades que pueden
constituir situaciones de verdadero peligro y hasta con riesgo
de vida. Y un deportista no puede pasar de largo pensando
que simplemente ha superado un barco más. No puede
pasar de largo pensando tan sólo que de ir segundo
quedó primero. Ante la menor duda o sospecha de que
el otro competidor esté en peligro, allí mismo
tiene que resignar toda gloria, aunque sea el oro, por la
mayor de las glorias que es la de honrar la vida. Este concepto
debe hacerse carne en cada uno de nosotros. Es el principio
básico. Es la Regla Fundamental N° 1
Y ahí nomás, a continuación, por si
acaso nos hubiera quedado alguna duda de la Regla Fundamental
1, viene la Regla Fundamental 2 que como un mazazo se
descarga sobre nuestras conciencias con tres conceptos demoledores.
NAVEGACIÓN LEAL - ESPÍRITU DEPORTIVO Y JUEGO
LIMPIO. Es como decir Lealtad, Grandeza y Honestidad. Vayamos
por la vía negativa para meternos profundamente en
los conceptos. ¿Qué se puede decir del desleal,
del ventajero, del tramposo? ¿Quién
quiere ser su amigo? ¿Quién quiere tener de
compañero de ruta a aquel que lo va a robar durante
la noche cuando se tiren a dormir a la vera del camino?
Esto es lo que nos dice el RRV.
Este deporte es sólo
para los que lo practican lealmente, con la grandeza de los
sanos de espíritu, y con honestidad. Pero, ¿cómo
sólo para ellos? Si todos conocemos a otros que no
son así, y sin embargo los tengo a mi lado en línea
de partida. Los hay, ¡Claro que los hay! Pero está en
nosotros convertirlos. Y si no quieren cambiar estará en
nosotros segregarlos. Nosotros debemos ser los propios custodios
de la pureza de nuestro deporte. Deporte que por otro lado
es nuestra pasión. Nuestra forma de vida. Cuando era
muy chico, tal vez como ustedes los “Princi”,
leí una vez un parágrafo en un cuadrito que
representaba un barco antiguo en medio de una gran tormenta,
que me quedó grabado. Decía con letra gótica:
Hay tres clases de hombres: Los que están vivos, los
que están muertos, y los que están en el mar.
Ha pasado una vida. Hoy tengo casi la edad de los padres
de sus padres, y les puedo decir con seguridad que hay una
clase de hombres que somos los hombres de mar. Y cuando me
refiero a hombres lo digo genéricamente, sin distinción
de sexo. Y el hombre de mar tiene ciertas características
que no las puede ni debe perder el regatista. El hombre de
mar es leal. El hombre de mar tiene grandeza de espíritu.
El hombre de mar es honesto. Puede ser que encuentren navegantes
que fallen en alguna o en todas estas virtudes. Pero serán
simplemente navegantes. No serán hombres de mar.
La Regla Fundamental 2 nos lo dice claramente: Un barco y
su timonel competirán en conformidad con los principios
de ESPÍRITU DEPORTIVO y JUEGO LIMPIO. Un barco y su
timonel. Interesante concepto. Ustedes son uno con su barco.
Su barco va a hacer lo que ustedes le ordenen. Como si fuera
un brazo o una mano. Ningún barco tiene vida propia,
sino que vive por ustedes. Ustedes hacen que esa cosa inanimada
pase a ser esa maravilla que nos quita el aliento cuando
se prende en la cresta de una ola y sale disparado barrenando
como si buscara el infinito. Y ahí están ustedes
y su barco. Ustedes y su barco empapados no sólo de
agua salada sino de los PRINCIPIOS DE ESPÍRITU DEPORTIVO
Y JUEGO LIMPIO.
¿No les suena como algo grandioso? Les aseguro que al día
de hoy, con más de 50 años de mar, con más de 50
años compitiendo, se me sigue poniendo la piel de gallina cuando
leo o escucho los PRINCIPIOS que rigen nuestro deporte.
Pero reflexionemos un momento. ¿Estos principios son
tan sólo los fundamentos del Reglamento de Regatas
a Vela, o son también y en una jerarquía superior
REGLAS DE VIDA?
¿O acaso la NAVEGACIÓN LEAL se aplica sólo en el
agua? ¿O acaso la GRANDEZA DE ESPÍRITU deben tenerla sólo
los deportistas? ¿Y el JUEGO LIMPIO? No vamos a decir que debemos
ser honestos sólo en la cancha de regatas, no?
Pero hoy están aquí. A una hora de tirar el
barco al agua e ir a competir. Y en esa competencia cometerán
faltas por las que deberán auto penalizarse. Y es
muy probable que el jury no los vea, o que los otros competidores
no les protesten. Sin embargo ustedes sabrán que tocaron
esa boya.
Y entremos aquí en la tercera regla de la que quería
hablarles hoy. Es la Regla 31 y habla de la prohibición
de tocar una marca. Cuando ya están en regata, dice
la Regla 31.1 que no tocará una marca de partida antes
de partir. ¿Cómo es eso? Es simple. Ustedes
están en regata desde su señal preparatoria.
Es decir, varios minutos antes de la señal de partida, ¡ya
están en regata! Y el reglamento contempla que ya
pueden ser penalizados por transgredir una regla del RRV. Por
lo tanto, aún cuando no hayan partido, si ya izaron
en la lancha la bandera P, I, Z, Z con I, o Negra ya están
en regata. Y si en ese interín antes de partir tocan
una boya de partida deben penalizarse. Y si después
de partir tocan la boya de barlovento cuando están
terminando esa pierna, o tocan la marca de sotavento
cuando están viniendo del barlovento, deben penalizarse.
O si después de llegar pero antes de dejar clara la
línea de llegada tocan una marca de llegada, deben
penalizarse. Y eso ustedes lo saben. Tal vez podrán
tener la duda que les mencioné recién acerca
de tocar una marca de partida después de la señal
preparatoria y antes de la señal de partida. Pero
ahora ya saben que no se puede y deben penalizarse. O pueden
tener dudas acerca de tocar una marca de llegada después
de haber llegado, pero antes de haber dejado clara la línea
de llegada. Ahora saben que no se puede y deben penalizarse
y recién cruzar la línea válidamente.
Pero quiero insistir en aquello que mencioné antes.
La regla 31 dice lo suyo. Pero está, como todo el
RRV, atravesada por la luz de la Regla Fundamental 2. Platón
decía que el único sentido que no se basta
a sí mismo es la vista. Y es cierto. Uno escucha en
cualquier circunstancia. Huele siempre, basta aspirar por
la nariz y no estar resfriado para oler. Gusta con sólo
meterse un poco de comida en la boca. Y me basta con pasar
mi mano por una superficie para sentir si es suave o áspera.
Pero ver no veo siempre. Para ver necesito de la luz. Si
no hay luz no veo. Pues bien La Regla Fundamental 2 es la
luz del RRV.
La Regla 2 es la que va a validar la victoria. Si yo gané la
regata pero en aquella marca toqué la boya, y como
el jury no me vio y nadie me protestó, no me auto
penalicé, la realidad es que no gané la regata.
Me robé una regata. Me robé un premio. Me llevé una
lata a mi casa y engaño a todo el mundo diciendo que
me la gané. Tal vez si me hubiera penalizado no hubiera
ganado. El segundo entró tan sólo media eslora
detrás de mí.
Pero entonces, ¡no se engañen! ¡¡No
ganaron!! Simplemente hicieron trampa. Faltaron a la Regla
2. ¡Metieron un gol con la mano!
Pero debemos terminar con aquello de sentirnos orgullosos
por meter un gol con la mano. Y mucho menos tratar de justificarnos
diciendo que fue “la mano de Dios”. ¡¡Dios
no tiene manos!! Es espíritu puro. Los que meten goles
con la mano y los festejan saltando por el aire, están
muy lejos de ser Dios. ¡¡Son tramposos!! Son
dioses de barro que se desmoronan con la primer marea alta.
Si quieren tener premios ganados así, les diría
que ni se mojen, ni tomen frío. Váyanse a Casa
Pisani en la calle Paraná, en Buenos Aires, y cómprense
las copas del precio y tamaño que quieran. Por unos
pocos pesos más las pueden hacer grabar y la ponen
en su cuarto como trofeos ganados.
Pero ustedes no quieren eso. Ustedes quieren ganar a la luz
de la Regla 2.
Entonces luchen por ello. Luchen descubriendo a los tramposos.
Luchen protestando a los que no se auto penalizan. Luchen
diciéndole que no a aquel que les quiere enseñar
a hacer trampa. A aquel que los quiere convencer de que “todos” hacen
trampa entonces ustedes también tienen que hacerla
pues de otra manera no van a ganar nunca.
En un torneo internacional muy importante de barcos grandes,
en Inglaterra, hubo una tripulación que se puso de
acuerdo para hacer trampa. Los descubrieron y los echaron
del torneo. Yo sentí vergüenza ajena. Después
se comentó que venían de un club donde los
entrenadores les habían enseñado de chicos
a hacer trampa. Todos ellos fueron expulsados de la Federación
Internacional de Yachting. Nunca más pudieron correr
ni en su club. ¡¡Flaco favor les hicieron esos
entrenadores!!
Quien hace trampa de chico en lo chico, no tengan dudas que
será un tramposo de grande en lo grande. Y no creo
que ninguno de ustedes a esta altura de sus vidas esté pensándose
a futuro como un estafador.
Tengan esto siempre presente. De nada sirve ganar si no tienen
en paz su conciencia. No hagan las cosas porque está el
jury. Háganlas porque deben hacerlas. Métanse
ese concepto bien profundo en sus vidas. En definitiva, ¿de
que estamos hablando? ¿de Reglamento de Regatas, o
de Reglas de Vida? ¿Acaso hay diferencia entre ellos?
Quiero cerrar esta charla dejándoles una reflexión:
De hoy en adelante cuando estén allá afuera,
piensen que serán solamente USTEDES, SU BARCO, EL
MAR Y SU CONCIENCIA.
Compitan de manera tal que al regresar a puerto extrañen
el mar, cuando dejen su barco sientan que se despiden de él
como quien se despide de un amigo, y que nunca su conciencia
deba recriminarles por no haber cumplido con la Regla 2.
Por José María
Sanchez Pagano