Croacia para todo el mundo
Se han publicado muchas historias de navegantes locales que han recorrido las costas caribeñas, mediterráneas occidentales, brasileiras e incluso las del Egeo o el Pacífico australiano. El Mar Rojo, la Polinesia, la costa Este norteamericana y hasta los alrededores de Ciudad del Cabo son, para la mayoría de nosotros, una peli ya bien vista. Ahora bien, desafío al público lector a que se pregunte si conoce a alguien que haya visitado la escondida y fabulosa costa de Dalmacia. Ellos lo hicieron. Y volvieron para contarlo.

Poniéndonos en clima
Mayo, principios de la primavera, marca también el comienzo de temporada de navegación en Croacia. Con una temperatura espectacular de 28 grados promedio y ni una nube en el horizonte, “todas las comidas fueron servidas en cubierta”, nos cuenta -casi al comienzo de la entrevista- Elena, nuestra guía en esta travesía.
La costa continental de Dalmacia es montañosa y cae abruptamente a un mar sin fondo y despojado de rocas, fresco pero aún apto para la zambullida ocasional, transparente y verdoso como el berilio cuando se combina con cromo y vanadio (*).
Algunas de las innumerables islas que decoran el Adriático dálmata conservan paredones costeros construidos por los romanos (hoy patrimonios de la humanidad) tan grandes y abarcadores que impiden el acceso a ellas. La población estable de aquellas que sí son habitables vive principalmente del vino y el turismo.
Dato curioso: En algunas ciudades de la zona te regalan una piedra extraída de los antiguos muros como símbolo inverso de una tradición local por la cual cada nuevo visitante debía traer consigo al menos un cascote recogido en el campo para contribuir con la construcción de los paredones.

Dubrovnik
Dubrovnik -punto de encuentro de la trouppe- es una de las legendarias puertas al Mar Adriático. Elena y el resto permanecieron allí durante un par de días preparando el barco y recorriendo las inmediaciones. La ciudad vieja es una parada obligada para el amante de lo imperecedero. Desde la torre Minceta y la serie de fortificaciones que protegen la ciudad en el lado continental, hasta la gran fuente de Onofrio (construida en 1438), el convento franciscano (que alberga una de las farmacias más antiguas del mundo), la iglesia de San Blas (con su exterior decorado exquisitamente) y el Palacio Sponza (hogar de uno de los archivos históricos más importantes a escala mundial). Todos sus rincones son dignos de resaltar y resumen un casco histórico típicamente dálmata.

Isla de Sipan
Del continente zarparon rumbo a Sipan, la primera parada del recorrido por mar y la mayor de las islas del archipiélago alguna vez llamado Elafiti por los antiguos griegos (que significa “el ciervo de las islas”). El barco era un 37 pies con un baño enorme (ducha compartimentada y todo) y completamente equipado (al parecer, el único revés en términos náuticos fueron los escasos vientos, por lo que se navegó muy poco a vela).
Una vez arribados se encontraron con tan sólo dos barcos amarrados en la pequeña marina, cosa que ilustraba acertadamente el “comienzo del comienzo” de la temporada alta. En Staram Lnisk, un pintoresco konoba (restaurante) atendido por sus dueños, degustaron pulpo y pescado exquisitos, todo ello acompañado con un muy buen vino local (con 20 dólares por barba alcanza y sobra, incluido el vino) y decorado con el paisaje de una bahía soñada. Luego de los postres nos sirvieron una grapa, una curiosa costumbre local que nos acompañó en todas las sobremesas. Lejos de las rutas turísticas principales -y más lejos aún del pico de temporada- Sipan es un lugar ideal para la contemplación y los pequeños placeres de la vida. 
Isla de Mljet
La siguiente parada fue Mljet. Relativamente grande y con su parte occidental proclamada parque nacional, esta isla está cubierta de una vegetación exuberante y posee dos lagos conectados entre sí (también con el mar), el más grande de los cuales ostenta un islote en su centro donde unos monjes benedictinos del siglo XII construyeron el robusto Monasterio de Santa María. Para los gourmets, Elena recomienda repostar en Antika, uno de los mejores restaurantes de todo el archipiélago.

Korcula
Cubierta de pinos y encinas, Korcula es una de las islas croatas la ciudad vieja (completamente amurallada, por cierto) más grandes y más pobladas. Hacia allá fueron nuestros amigos y alucinaron con su ciudad principal -del mismo nombre que la isla- una maravilla arquitectónica fruto de la maestría de los talladores de piedra locales, célebres por su arte en toda la zona y en todos los tiempos. “De repente estás en otro mundo; en otra era”, remata Elena recordando este hermoso lugar, sin olvidarse de mencionar a Marinero, el restaurante (también es hotel) que recomienda visitar en esta ínsula.    

La isla sin nombre
La siguiente parada la hacen en una isla tan pequeña y aleatoria, que Elena confiesa no recordar su nombre. Lo que vale la pena rescatar del lugar es que en el momento de su visita, nuestros queridos “pioneros” se encontraron con que la totalidad de sus habitantes estaban enfrascados -entre risas y descansos- en la tarea de emprolijar los caminos que conducen a las playas previendo la inminente oleada de turistas a sus pagos. ¡Hablando de trabajo en equipo!

Hvar
Llamada Paros por los griegos, Pharia por los romanos y Fara por los dalmacianos, la ahora croata Hvar es la isla más alargada del Adriático y uno de los primeros asentamientos de la modernidad en promover -desde el año 1868- la “novedosa” actividad turística. Aquí nuestros amigos disfrutaron de un clima insuperable, visitaron innumerables monumentos históricos y artísticos que le han dado fama mundial a este hermoso lugar y degustaron platillos exquisitos en el Malivika, uno de los muchos restorancitos “deluxe” que reposan a orillas de la plaza central Pjaca ubicada, a su vez, a orillas del océano.

Solta y Trogir    
Solta es la isla más occidental del archipiélago. Por su proximidad a la ciudad de Split, se encuentra tapizada de fastuosas residencias veraniegas originalmente propiedad de los antiguos patricios spalatenses. De allí se cruzaron directo a Trogir, en sí misma un patrimonio histórico y cultural. No sólo es una de las aglomeraciones urbanas más antiguas de las costas croatas del Adriático, sino que -con al menos cuatro milenios de historia- es una de las ciudades más antiguas de toda la cuenca mediterránea. Imperdible sin lugar a dudas. En ella degustaron un maravilloso bocadillo de mar pescado hacía tan solo unos minutos antes: “Salieron con una lanchita. Pescaron. Y comimos lo que pescaron”, resume Elena destacando la maravilla de tamaña simplicidad.

Split, la ciudad donde se baila el tango
Habiendo dejado el barco en Kremik, la última parada náutica del recorrido, Elena, Charlie, Marta, Willy y Dava llegaron al destino final de esta singular travesía marítima y se hospedaron en el hotel Peristilo, ubicado en el corazón del casco antiguo. Se trata de un centenario palacete que conserva su carácter romano aunque ha integrado cada una de las huellas que ha dejado en él la Historia. Como broche de oro y último regalo del destino, se encontraron a varios romanos bailando tango en la plaza central: “¡Los únicos que tendríamos que haber sabido bailar el tango, mirábamos encantados desde un rincón!” Irónico y halagador al compás del dos por cuatro.

(*) Las esmeraldas son el producto de dicha combinación.

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Gaby Medei
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