La Pororoca

La ola más larga del mundo
Canal Peligroso, en las puertas del río Amazonas. Su nombre ya lo dice todo. Me encuentro del lado del horizonte, donde reina el Atlántico. Pero no puedo ver nada. Sólo escucho un rugido intenso. Un rugido que aumenta su intensidad segundo a segundo. De repente, aparece una gran ola. Violenta como un animal enloquecido devora, a 40 kms por hora, toda la largura del río. Nuestro bote está mal ubicado, de cara hacia la onda. Todo el mundo le grita al capitán para que encienda los motores y vire a proa. Pero no da el tiempo. La ola barre fuerte, espumante y devastadora, empapando a todo el mundo a bordo. Una guerra entre las aguas del río y las del mar se libra justo debajo de nuestro casco. Las aguas de mar luchan para seguir selva adentro, mientras que las del río se empeñan en seguir su curso normal, hacia la vastedad del océano. La ola llega a los tres metros de altura. Afortunadamente no somos engullidos por esa montaña líquida. Aún así nuestro barco, que no es nada pequeño, es arrastrado río adentro por más de dos kilómetros. ¡Y decir que estaba anclado! Mi primera Pororoca casi fue la última…

Así relata su primera experiencia con este estrambótico fenómeno natural el ahora experto Gregg Newton -el “Gringo de las Pororocas”- un fotógrafo americano que ha visitado la zona de riesgo varias veces en su vida y hoy es considerado uno de los especialistas más prestigiosos en la materia. Y continúa diciendo: “Pasado el susto inicial, me torné un apasionado de la Pororoca. Ya fui cuatro veces al Amazonas para testimoniarla, siempre con la principal preocupación de no subestimar los riesgos que trae esa maldita ola. Uno de los aspectos más peligrosos de la Pororoca es cómo la propia onda muta -y rápidamente- de forma y fuerza a lo largo del curso del río. El viento, las corrientes, los troncos, cualquier cosa puede causar su modificación. Por tanto es imposible prever su forma. La única constante es el riesgo. Que siempre está.”    
El gran estruendo destructor
Se aproxima el final de la estación lluviosa y la luna llena anuncia la llegada de las mareas vivas a la costa atlántica sudamericana. Un sonido atronador recorre la desembocadura del Amazonas, provocando un revuelo de aves aterrorizadas. El resto de animales huye despavorido a la carrera.
La gran ola de color marrón, que se adentra kilómetros río arriba, abarca todo el ancho del río (que a veces engorda hasta ostentar una distancia de 20 kms entre costa y costa) y alcanza entre tres y cinco metros de altura. El fenómeno se forma dos veces al año, pudiéndose ver durante no más de tres días cada vez, una onda por la mañana y otra por la noche (con exactas doce horas de diferencia entre las mismas). Su fuerza es aterradora -similar a la de un tsunami de impacto medio- y arranca árboles, inunda pueblos e incluso se lleva consigo a los animales o personas que no tuvieron tiempo de huir.
Su color marrón se debe a que lleva consigo piedras, tierra y otros sedimentos del fondo del río. Millones de toneladas de caudal de color terroso que el Amazonas vierte al mar luchan por mezclarse con las azuladas aguas del Atlántico a las que hace retroceder varios kilómetros. En este fragor se produce una especie de remolino que produce un ruido único en el mundo -de ahí el nombre “Pororoca”- que puede escucharse a gran distancia, muy parecido al sonido de un trueno lejano.
Tiene su origen cuando la marea creciente del Atlántico se encuentra con la corriente descendente del Amazonas. Minutos antes de ocurrir, la marea baja abruptamente, lo mismo que sucede con los tsunamis asiáticos. La colisión de estas dos enormes masas de agua crea una ondulación -la mecánica es similar al choque entre dos placas tectónicas que desencadena un terremoto- cuya energía llega a invertir la dirección del cauce. La gran ola devasta todo lo que halla a su paso hasta perder el pulso y morir mansamente.
Uno de los efectos perjudiciales es la inundación temporal con agua salada en algunas marismas a ambos lados de los cauces en este delta atípico del Amazonas, aunque ello sea inevitable y que también tiene efectos positivos, ya que muchas especies de peces pueden aprovechar estos mecanismos hidráulicos para sus procesos de reproducción y crecimiento. También podría tener efectos perjudiciales al inundar terrenos cultivados pero esto no debe achacarse al propio fenómeno sino al empleo agrícola de esas áreas potencialmente inundables. El problema se debe a que no todas las mareas más intensas llegan a romper el cauce siempre en los mismos sitios, lo que puede dar origen a que los agricultores siembren en zonas que creen más seguras sin serlo.
Hermanas distantes y crónicas legendarias
Los efectos de la Pororoca amazónica han sido registrados desde la época de las carabelas. En el 1500, por ejemplo, el explorador Vicente Pinzón casi se va a pique por culpa de una de ellas.
Este loco fenómeno, a su vez, tampoco es exclusivo de una sola locación. Existen ejemplos similares en países tan dispares como Francia, China, India, Venezuela e Inglaterra. En Francia, la Pororoca del río Sena es conocido como “Mascaret”, en el delta del Orinoco lleva el nombre de “Macareo”, mientras que en China, en el río Qiantang, se lo conoce como “Dragón Negro” de tanto que también destruye.

De surfistas y records mundiales
En la innata aspiración humana por confrontar su fuerza con la de la naturaleza, el hombre ha encontrado en la Pororoca el desafío ideal. Lo saben decenas de auténticos surfistas que suelen acudir a Sudamérica todas las primaveras en busca de esta ola y de un record de permanencia sobre ella. Incluso estos bronceados aventureros tienen un saludo propio que los identifica a la manera del “aloha” hawaiano: auera-auara. Para todos ellos la Pororoca simboliza su eterno lema de “vivir sobre una ola interminable”, lema con el que intentan ser fieles hasta el fin de sus días.
El último en conseguir el susodicho record de permanencia ha sido un surfista local, Picuruta Salazar, quien batió un nuevo registro mundial al cabalgar sobre esta enorme masa de agua a lo largo de doce kilómetros y medio.
Acompañado por una veintena de colaboradores y con la ayuda de una embarcación de gran calado, dos motos acuáticas y un helicóptero, los surfistas recorrieron durante una semana uno de los afluentes del Amazonas para conseguir el codiciado registro mundial. Como ocurre siempre en el mundo del surf, el plan de trabajo pasaba necesariamente por esperar la ola buena. En esta tarea, el reconocimiento aéreo se reveló como una herramienta indispensable.
De hecho, fue una comunicación por radio desde el helicóptero la que puso sobreaviso a los surfistas de la llegada de la Pororoca. Con gran celeridad, Salazar y sus compañeros montaron en las motos acuáticas y enfilaron hacia la ola. Una vez junto a la gran masa, cambiaron de herramienta y se subieron a las tablas. El secreto de estas maniobras reside en enganchar el rizo antes de que éste comience a abrirse. En ocasiones, la lechosa ola de barro y agua engulle a los acróbatas. Otras veces, logran domar la cresta y deslizarse a lo largo del cauce. Además arrastra consigo piedras y troncos de considerable tamaño que representan un riesgo adicional, sin mencionar la inquietante presencia de pirañas, yacarés y otros depredadores.
En la lotería que entrañaba este acuoso reto, el primer premio le cayó a Salazar, quien pudo aprovechar la mejor embestida de la Pororoca para mantenerse sobre ella durante tantos kilómetros: “Ha sido una experiencia inolvidable”, aseguró el brasileño tras entrar al libro Guinness de los records surfeando la ola más larga del mundo por 37 minutos a una velocidad aproximada de 30 kms por hora.
Fuente principal: texto de Gregg Newton para la revista brasileira “Nautica”.

| Quienes Somos | Distribución | Publicidad | Contacto | Archivo | Guía Náutica |
| Brokers | Clima | Tablas de mareas | Cartas Náuticas | Enlaces | Home |



El Mundo de los Barcos Magazine - Copyright © 2003
Primera Junta 996 - 1º "A" (1642) Bajo de San Isidro
Teléfono: (5411) 4742 - 0164
www.barcosmagazine.com - barcos@barcosmagazine.com
Gaby Medei
Nedstat Basic - Web site estadísticas gratuito
El contador para sitios web particulares