Sable Island
La Isla de los naufragios

La llaman “la tumba del Atlántico”. Porque esta curiosa isla se ha convertido en leyenda, tras ser el escenario de más de 350 hundimientos documentados en los últimos 5 siglos.
Vista desde el aire -o en una imagen satelital, o en una carta náutica- la isla recuerda claramente a una cimitarra. Que corta a los barcos a la mitad hasta hundirlos. Pero Sable Island es, en realidad, una peligrosísima lengüeta de arena, de 42 kilómetros de largo, pero sólo un kilómetro y medio de ancho -en su parte más ancha-, en aguas canadienses, 180 kilómetros al sudeste de Nueva Escocia. Invisible en mitad de la niebla, rodeada de corrientes traicioneras, imposible de evitar en mitad de una tormenta, ha sido la responsable de unos 350 hundimientos, lo cual la ha convertido en el lugar con más naufragios en el mundo.
Antiguamente conocida como Isla Fagunda, debería su nombre original al navegante portugués Joao Alvares Fagundes, que la visitó por primera vez en 1520, aunque su denominación actual es consecuencia de un intento francés, a fines del Siglo XVI, de establecer una colonia penal, que la bautizó como Ile de Sable, la isla de arena.
Desde su descubrimiento -seguramente accidental- hasta nuestros días, se calcula que un par de miles de personas perdieron la vida en estas playas, tras ser arrojados contra los bancos de arena, hasta que el gobierno canadiense hizo construir dos faros, uno en cada extremo de la isla, en 1872. En la actualidad, los faros están automatizados y el gobierno ha prohibido el acceso a la isla, para evitar los intentos de saqueo a los posibles tesoros que habría entre los restos de tanto naufragio. El primer hundimiento documentado en sus playas fue en 1583 y el último en 1999, cuando una embarcación deportiva encalló en la arena. Pero el hundimiento más famoso fue de ficción: el “Andrea Gail”, el legendario pesquero que protagoniza la película “La tormenta perfecta”, se dice en la película, se habría hundido cerca de Sable Island, aunque no hay ningún registro de que el verdadero “Andrea Gail” haya llegado tan lejos antes de desaparecer. Desde el año pasado, la isla está habitada por una dotación permanente de la Agencia Ambiental canadiense. Además, recibe en el verano a científicos e investigadores de distintas nacionalidades. Pero la población más curiosa de esta gran duna en el Atlántico norte son unos 300 caballos salvajes. Si bien no hay información certera sobre su origen, se especula que los caballos podrían haber sido abandonados hace un par de siglos por el comerciante de Boston Thomas Hancock. En el pasado, solían arriarse estos caballos y los transportaban en buques para su uso en minería, hasta que, en 1960, la actividad fue prohibida. Nada crece en Sable Island. Al menos nada más grande que algo de césped y arbustos. La isla, arenosa y pedregosa, cuenta con algunas lagunas internas de agua dulce, pero el viento y las corrientes cambian permanentemente la forma de sus costas y un intento del gobierno de platar 80.000 árboles en 1901 para estabilizar el suelo fracasó estrepitosamente cuando todos los árboles murieron.

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Gaby Medei
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