Las siete aventuras del Zheng He
Sexto viaje
El origen del sexto viaje es la orden del emperador Yongle de devolver a los embajadores a sus países de origen en primavera de 1421, aunque se entiende que ese viaje estuvo impulsado también por la curiosidad innata de quienes lo financiaban. Hay que tener en cuenta que aunque China había mantenido relaciones comerciales con África anteriormente, seguía siendo para ellos una tierra nueva.
La Flota se dividió en Semudera. Zhou Man condujo la porción principal a Adén y África, mientras que Zheng He volvió a China, donde se encontraba ya en noviembre de ese mismo año. Se cree que el motivo del rápido regreso de Zheng He pudo haber sido la asistencia a la inauguración de la Ciudad Prohibida de Beijing (Pekín), que ya era capital oficial desde 1420. La flota principal no regresó hasta un año después.
Suspensión temporal de los viajes
A pesar de que en esos momentos China controlaba el Mar del mismo nombre y gran parte del Océano Índico, diversos motivos iban actuando para provocar el final de los grandes viajes de la Flota del Tesoro:
• En gran medida los viajes eran producto de la personalidad megalomaníaca de Yongle y no era seguro que sus sucesores mantuvieran su incansable entusiasmo de explorador.
• Los orígenes humildes de los Ming les hicieron recelar en un principio de la clase dirigente confuciana. Sin embargo, con el paso del tiempo, era previsible que la influencia de éstos fuera en aumento.
• La reinauguración del Gran Canal en 1416 hizo innecesario el transporte de comida y mercancías entre el Yangzi y el Huangho por vía marítima, lo que contribuyó a la decadencia de la construcción naval.
• El reinado de Yongle, caracterizado al principio por grandes éxitos militares y económicos, se vio envuelto en diversos problemas que minaron la capacidad del Imperio. En primer lugar, sus últimas campañas contra los mongoles no tuvieron éxito. Yongle, además, conquistó Anam (norte de Vietnam) pero la nueva provincia se rebeló y se enzarzó en una guerra cara e inacabable.
• El imperio se enfrentó con la aparición de un severo déficit presupuestario producto tanto de sus gastos excesivos como de una disminuida capacidad de recaudación.
• Estallaron de epidemias y hambrunas.
• La inflación fue en aumento, lo que produjo que los billetes Ming ya no fueran fácilmente aceptados en el extranjero. Para mantener el comercio exterior a China le hubiera sido preciso pagar con metales preciosos, algo que resultaba muy poco atractivo.
• El traslado de la capital de Nankín a Pekín, iniciado en 1415 y culminado en 1420, supuso un tremendo gasto y situó el centro de poder del país lejos de la costa.
• El incendio de la Ciudad Prohibida (mayo de 1421) por el impacto de un rayo fue interpretado como una señal de que el emperador estaba perdiendo el Mandato del Cielo y por lo tanto debía cambiar su política.
El 7 de septiembre de 1424 falleció el emperador Yongle y ascendió al trono su primogénito, Gaozhi, que adoptó el nombre de Hongxi. Gobernó de 1424 a 1425 y decidió reprimir la influencia de los eunucos en la corte y restaurar la de los confucionistas. Su reinado -corto, lamentablemente- se caracterizó por el deseo de disminuir la presión fiscal sobre la población. Su primer decreto, emitido el mismo día de su coronación, dejó clara su actitud contraria a la continuación de los viajes:
Todos los viajes de los barcos del tesoro deben pararse. Se ordena a todos los barcos anclados en Taicang volver a Nankín y todos los bienes en los barcos deben devolverse al Departamento de Asuntos Internos y almacenarse. Si hubiera alguna delegación extranjera deseando regresar a casa, se les proveerá de una pequeña escolta. Aquellos oficiales que se encuentren actualmente en el extranjero deben regresar a la capital inmediatamente... y a todos aquellos a los que se haya ordenado ir en futuros viajes se les ordena regresar a sus hogares.
Se debe detener inmediatamente la construcción y reparación de los barcos del tesoro. La recogida de tielimu (un tipo de madera dura) se debe hacer tal y como fue en tiempos del emperador Hongwu, antes de la era Yongle. Todas las recolecciones adicionales se deben detener. Todos los envíos oficiales al extranjero (con la excepción de los ya entregados) y la fabricación de monedas de cobre, compra de almizcle, cobre en bruto y seda en bruto se deben detener. Todos aquellos involucrados en la compra deben volver a la capital.
Hongxi cortó el poder de los eunucos y, aunque quitó a Zheng He la responsabilidad al mando de la Flota del Tesoro, puso bajo su cargo el ejército en la provincia de Nankín, donde pretendía trasladar de nuevo la capital. Era un puesto de gran importancia y no está claro por qué concedió a Zheng He semejante responsabilidad. En los siguientes meses Zheng He supervisó la finalización del templo de Bao'en y las reparaciones de las futuras estancias imperiales.
Séptimo viaje
Hongxi murió apenas nueve meses después de haber subido al trono y cedió el trono a su hijo mayor Zhu Zhanji, que adoptó el nombre de Xuande. El estilo de gobierno del nuevo emperador combinó el de su padre y el de su abuelo. Aunque mantuvo los consejeros confucionistas, repuso en su cargo a muchos eunucos. Al igual que su padre, intentó mantener los impuestos bajos y evitó las aventuras militaristas, pero también deseó mantener intensas relaciones diplomáticas y comerciales.
Xuande estaba preocupado por la declinación del comercio tributario desde el sexto viaje y la pérdida de influencia en el exterior. Así el 29 de junio de 1430, ordenó iniciar los preparativos de una nueva expedición. Se trató de la mayor de todas las expediciones, con más de 300 barcos.
El objetivo principal de la expedición era restaurar la tranquilidad en los mares. Los nombres de los barcos son una buena muestra de ello: Pura Armonía, Tranquilidad Duradera, Amable Descanso, entre otros.
Antes de zarpar, Zheng He erigió dos tablas, una en la desembocadura del Yangze y la otra en la desembocadura del Min, en las cuales se relataban los logros de sus viajes.
La Flota zarpó de Nankín el 19 de enero de 1431, pero se detuvo en Jiangsu y Fujian para repostar y reclutar tripulantes. Finalmente salió de China el 12 de enero del año siguiente y se detuvo en Qui Nhon (Vietnam), Surabaja (Java), Palembang (Sumatra), Malaka, Semudera (Sumatra) y Sri Lanka. Finalmente llegaron a Calicut (India) el 10 de diciembre de 1432.
De allí se dividieron en dos grupos. Hong Bao llevó una flota a África, llegando tan hacia el sur como Kenya y Mozambique. Dos barcos intentaron descargar mercancías en Adén (ciudad en la actual Yemen), pero fueron mal recibidos por tensiones políticas locales. Se dirigieron entonces a Jidda y Dhurfar, desde donde Ma Huan asegura haber ido a La Meca y Medina aunque -dado que sus descripciones contienen diversos errores- se duda de que realmente estuviera allí. Una vez hecho esto se reunieron con el resto de la Flota en Calicut y emprendieron el regreso a China.
Zheng He murió en el viaje de regreso a China y su cuerpo fue arrojado al mar. Sus zapatos y una brizna de sus cabellos fueron llevados a Nankín para ser enterrados en una cueva budista. En Nankín (colina de Niushou) se erigió una lápida funeraria musulmana, pero no se ha encontrado en ella ningún resto humano u objeto (la tumba fue restaurada en 1985).
La Flota llegó a China en julio de 1433 y los embajadores fueron presentados al emperador en septiembre, portando regalos (entre ellos cinco nuevos qilin, las exóticas jirafas). Hongxi pudo contemplar con satisfacción cómo se restauraba el comercio tributario, pero murió en 1435 tras una breve enfermedad.
Epílogo
Mucho se ha especulado con qué habría sucedido si China hubiera mantenido las expediciones navales, pero la realidad es que finalizaron de forma abrupta. Además de los motivos enunciados anteriormente, el Imperio Ming se encontró con asuntos más urgentes. Al norte, los mongoles constituían una amenaza creciente. La economía se hundió a mediados del siglo XV y la inflación convirtió a los billetes Ming en poco más que patacones del medioevo.
El nuevo emperador, Jungtong, apenas tenía siete años cuando ascendió al trono, por lo que fue un mero títere en manos de los eunucos. En 1449 el pobre niño fue capturado por los mongoles. Los confucianos, que culpaban a los eunucos del desastre, aconsejaron deshacerse de ellos. Tras diversas purgas, se prohibió a los eunucos participar en el comercio ultramarino. Eventualmente se prohibieron la construcción de buques con más de dos palos y la navegación marítima en sí (edicto Hai Jin).
Estas medidas restrictivas terminaron mostrándose contraproducentes ya que disminuyeron los ingresos comerciales y forzó a la población de la costa a practicar el contrabando. La actividad ilegal y la reducción de la Armada (en 1477 sólo quedaba un tercio de los buques de guerra) atrajeron a los temibles Wukou -piratas de origen japonés- que causaron grandes destrozos. Los bandidos nipones sólo entraron en declive cuando, con la llegada de los portugueses, China relajó sus medidas contra al comercio extranjero.
Los viajes supusieron un gran impulso para la diáspora china que, bien fuera a través del comercio o por deserciones, se estableció en las costas comprendidas entre su país de origen y la India. También aumentaron enormemente el conocimiento que tenían los chinos del extranjero. Entre esos conocimientos se encuentran contactos directos con los musulmanes y los cristianos, aunque en ambos casos se asignó el origen de estas religiones en la India (pues ellos extendían esta denominación a todo el Oriente Medio). De hecho Zheng He no se dio cuenta de que Arabia estaba mucho más lejos de la India hasta que no llegó él mismo a esta última.
La influencia de Zheng He en la expansión portuguesa por el Océano Índico es objeto de discusión. Algunos afirman que los viajes de Zheng He contribuyeron involuntariamente a la expansión portuguesa ya que los chinos actuaron generalmente de forma pacífica y eso predispuso a los nativos a acoger de buen grado a futuros visitantes. Otros objetan que los nativos se mostraron poco impresionados ante los portugueses (algo bastante comprensible si se comparan las expediciones chinas con las portuguesas), por lo que los viajes de Zheng He habrían dificultado -y no favorecido- la expansión lusa.
Con el paso del tiempo, el recuerdo de Zheng He y sus viajes se fue desvaneciendo, cuando no directamente eliminado, y las opiniones respecto a su figura resultaron negativas, pues entraba en directo enfrentamiento con la política confuciana. En 1477, el eunuco Wang Zhi intentó reactivar las expediciones navales. Al solicitar información sobre Zheng He y sus viajes, el viceministro de guerra, Liu Daxia, informó que los registros de los viajes se habían perdido. No obstante las declaraciones de Liu Daxia -fuertemente crítico con los viajes- podemos deducir que probablemente fue él quien ordenó su destrucción u ocultación para evitar más "despilfarros" al país.
Con el paso del tiempo, la decadencia de la dinastía Ming hizo que los chinos buscaran figuras históricas que representaran mejores tiempos. Por eso la figura de Zheng He resurge en los siglos XVII y XVIII, convirtiéndose en una especie de santo patrono de los emigrantes chinos.