Piratas del bello sexo
Primera parte
A lo largo de la historia han existido profesiones ejercidas exclusivamente por representantes del género masculino: médicos, escritores, ministros, marinos, etc.
Por supuesto que siempre han habido excepciones e incluso momentos históricos -como el actual, afortunadamente- donde la mujer parece haber ganado terreno en el plano del respeto mutuo, la igualdad de géneros y la libertad individual. No obstante, es claro que a las chicas les ha costado más que a los chicos.
En el mundo de la ilegalidad tampoco hubo mucha diferencia. Concretamente, entre los supersticiosos piratas las mujeres no eran muy apreciadas a bordo de los navíos y, actuando en calidad de “colegas”, menos que menos. Aún así, la norma no supuso un obstáculo a dos exponentes del más bello de los sexos quienes -un poco machistas ellas mismas aunque mujeres de pies a cabeza- son consideradas las piratas más famosas de todo el mar Caribe: Anne Bonny y Mary Read.
Hoy nos dedicaremos a estas dos guerreras que, más allá de su temeridad y oscuras motivaciones, demostraron ser grandes por haber desatendido con el mayor de los rigores la regla universal que ubicaba a la mujer en el segundo plano.
Bonny
La historia de Anne Bonny comienza en un pueblo próximo a Cork en Irlanda donde nació en algún momento entre los años 1697 y 1705. Anne no fue hija legítima. Su padre, William Cormac, era un abogado que ya estaba casado. Su mujer, que había enfermado, marchó del hogar familiar para cambiar de aires. En ese período el padre de Anne aprovechó para tener relaciones con la madre de Anne, Mary Brennan, criada de la casa. Esta aventura amorosa fue descubierta cuando la dueña de la casa regresó y así, tras una serie de idas y vueltas, denuncias y reconciliaciones entre los miembros de este trío en discordia, William decide irse con Mary Brennan -ya considerada esposa para él- y su hija al estado de Carolina en la otra orilla del gran charco. Allí se dedicó al comercio cuyos beneficios le sirvieron para crear una plantación que dio fortuna y estabilidad a la familia.
Anne tuvo una buena adolescencia, pero a pesar de que su padre amara a su madre, pasaba mucho tiempo fuera. Debido a esto, y según cuenta Zoé Valdés en su libro Lobas de Mar, el padre contrató a una criada inglesa para que cuidara a su familia. En torno a esto existe la creencia -negada sólo por unos pocos- de que la joven Anne odiaba a esta criada y que en un ataque de furia la mató sin que se le moviera un pelo.
La bella y carismática muchacha fue considerada buen partido hasta que se casó en secreto con James Bonny. A James sólo le interesaba la fortuna de su padre pero éste, furioso, deshereda a su hija, por lo que ambos terminan embarcados hacia New Providence. Fue entonces donde Anne conoce al pirata Jack Rackam -mejor conocido como Cálico Jack- con quien se fuga abandonado a su esposo. En realidad, según Lobas de Mar, Jack Rackam pagó a James Bonny para quedarse con Anne, de tal manera que en el mar Anne era mujer de Jack pero toda vez que pisara tierra volvía a ser propiedad de James, quien en su interior seguía esperando que el padre rico la perdonara y reconvirtiera en heredera.
Jack y Anne se echaron a la mar, ella disfrazada de hombre, lo que suponía un gran riesgo ya que era un pecado mortal por la Inquisición. Se sabe que durante su travesía en el mar quedo embarazada de Cálico Jack y que tuvo una hija en la isla de Cuba a la que, según Zoe Valdés, llamó Lunes (además de nacer ese día, la madre unió los nombres Lourdes e Inés). Tras tener a su hija volvió a la mar y fue entonces cuando conoció a Mary Read.
Read
La historia de Mary Read empieza también en el viejo continente -concretamente en Inglaterra- a finales del siglo XVII y principios del XVIII. Su madre se casó con un joven marinero, de quien tuvo un hijo. No se sabe exactamente que pasó pero el padre desapareció, la mujer consiguió un amante, se quedó embarazada y dio a luz a la pequeña Mary.
Para que su familia política no lo descubriera, la madre de Mary marchó al campo, con su hijo a cuestas y Mary aún en sus entrañas. Al poco tiempo su debilucho y enfermizo hijo -al parecer llamado Billy Cartlon- muere súbitamente. La madre pasó en el campo 3 ó 4 años hasta que se le acabó el dinero, por lo que decidió volver a Londres donde hizo pasar a Mary por niño, es decir, por el hijo que había perdido para así conseguir una paga de parte de su suegra. Cuando ésta murió, Mary trabajó de paje para una dama francesa, pero se sabe que esto no duró mucho pues se enroló en un buque de guerra bajo el nombre de Billy Cartlon y posteriormente marchó a Flandes alistándose como cadete en un regimiento de infantería. Más tarde, al no ascender en los cargos, se alistó al regimiento de caballería.
Fue entonces donde conoció a un tal Fleming, quien se enamoró del hombre al que Mary representaba, y al parecer Mary también se enamoró de él, revelándole, por tanto, su verdadero sexo.
Ambos se casaron, y la historia de la boda de dos soldados causó un verdadero revuelo. Después de ello dejaron el ejército y abrieron una posada: “Las tres Herraduras” cerca del castillo de Breda. Sin embargo, al poco tiempo su marido murió y el dinero no le daba para mucho por lo que, decidida y siempre optimista, se embarcó en un navío con destino a las Indias Occidentales. Los siguientes hechos marcarían su vida para siempre: el navío en el que viajaba fue atacado por unos piratas ingleses quienes -encantados con esta única inglesa a bordo- la retuvieron. Este hecho hizo que Mary decidiera dedicarse al corso, actividad que nunca apreció demasiado pero al que igual se dedicaba con la excusa -no muy original- de conseguir dinero.
Bonny y Read
Es aquí que se entrecruzan las historias de estas dos sajonas extraordinarias. La leyenda cuenta que Anne, ni tan recatada ni tan casta, se fijó en el joven que Mary representaba. Lo sedujo, y al intentar tener relaciones se dio cuenta que él era en realidad ella. Automáticamente se hicieron amigas. Todo este revuelo enceló a Jack que no sabía el secreto de Mary, por lo que Anne -para calmar las aguas- decidió contarle la verdad y parece ser que a partir de allí, los tres fueron muy “felices”.
Más adelante Mary se enamoró de un joven que había sido apresado por los piratas y se dice que le reveló su sexo y que por amor se batió en duelo con un compañero, pues temía que mataran a su amante. Después de esto ambos se dieron promesa de matrimonio.
Así y todo, la suerte no siempre acompañó a estas dos increíbles corsarias. Cuando ya se disponían a llevar una vida tranquila lejos de la piratería -Mary con su esposo y Anne Bonny junto con Jack y su hija- resultó que una fortuita maniobra militar consiguió acabar con el famoso barco de Cálico, el Kingston, algo que al parecer no fue muy difícil ya que lo “fortuito” del asunto consistió en que la mayoría de sus tripulantes estaban borrachos y drogados. Por supuesto, se cuenta que Mary y Anne -motivadas por la cercanía de sus respectivos retiros- fueron las que más resistieron el ataque.
A Jack, junto con el resto de la tripulación, lo condenaron a la horca. Cuando pidió ver a su esposa por última vez, ésta le espetó su hoy famosa frase: Si hubiera luchado como un hombre ahora no lo ahorcarían como un perro.
El juicio de Anne y Mary causó un gran revuelo entre los habitantes de Jamaica, y así como Anne se inmortalizó con la terrible frase ofrecida a su cobarde esposo, Mary no se quedó atrás: cuando el jurado le preguntó porqué se había dedicado a tales prácticas que llevaban a una muerte ignominiosa, la osada pero sincera corsaria contestó lo siguiente: En cuanto a morir en la horca no lo consideraba demasiado duro, porque si no fuera por ella todos los cobardes se harían piratas e infestarían los mares a tal extremo que los hombres de valor se morirían de hambre…
Muchos sintieron compasión por ambas piratas pero no quedó más remedio que declararlas culpables por las abundantes pruebas que había contra ellas. Lo que sí, consiguieron que su condena se aplazara pues ambas estaban embarazadas de sus respectivos maridos.
Mary murió en la cárcel debido a unas fiebres en 1721. Anne parece ser que pasó un tiempo en la cárcel, aplazándose una y otra vez su ejecución. Se sabe que dio a luz y que nunca fue ejecutada, sin embargo su rastro se pierde en los intersticios de la Historia. Algunas fuentes dicen que fue liberada por su padre gracias a la ayuda de un procurador de Jamaica que estaba enamorado de Anne, y otras aseguran que fue liberada por el gobernador de Jamaica al recibir una carta firmada por Bartholomew Roberts, uno de los mayores piratas de todos los tiempos. En ella decía lo siguiente: Si Anne Bonny no es liberada inmediatamente será mejor que se preparen desde Port Royal hasta Kingston para recibir el trueno de mis cañones.