|
|
Crucero del alpha 45 Blas Maria
De Rosario a Angra dos Reis
La lista era realmente interminable. Tachaba una y aparecía otra necesidad. Preparar mi barco para esta travesía fue más duro que la travesía misma. O al menos eso creía antes de salir.
Había postergado dos veces la partida, y la tercera seria la vencida! El 23 de octubre dejamos Rosario con miles de dudas. La noche anterior había soplado mucho. El Paraná se mostraba nervioso. La ley de Murphi no falla:”aguas abajo, viento del sur” y decidimos bajar a motor. Diez horas de motor, parada técnica en San Pedro; nuestro compañero de viaje, el Kokopelli, sumaba un tripulante más. Todo dispuesto, rumbo a Zárate. El primer día ya tocaba a su fin y se imponían unas horas de descanso, para encontrarnos con el Mitre “fresquitos”.
En ese amanecer agradecimos estar en el agua, era una mañana única! Tanques a tope en el Honda y a las 1300 estábamos en el Km. 30 recibiendo nuestro pronóstico vía mail de Ojea Wilke (nuestro gurú). Nos anunciaba un nortazo para las 2.00 del día siguiente y rotaria al sur con fuerza de 30 nudos; decidimos navegar buscando la costa argentina, aprovecharíamos un franco espectacular para ir hasta el codillo del Mitre. Con precisión suiza a las 2.00 entró el prometido Sur de 35 a 40 nudos. Sería el “bautismo“ de nuestra maquinita. Tomamos un rizo en la mayor, enrollamos el G1 y pasamos a la comodidad de la trinquetilla autovirante.
Habíamos ganado un buen barlovento, los que nos permitió apuntar a Punta del Este y navegar con escotas filadas... el barco era una maravilla!
A las 14.00 del día 25 de octubre tomábamos amarra en Punta. Luego de los trámites de rigor, pedimos permiso a "Iemanja" para navegar por sus aguas: "yacua Iemanja yacua". Punta tan bonito como siempre, desolado en octubre, nos regaló un dia de mucho sol y sin viento. Ajustamos la provista a los gustos de la tripula integrada por Eduardo Cavagnaro, buzo y mecánico, Charly Rodríguez, skipper y chef de 1ra., Héctor Astori, inquieto saltamontes! y yo, el capi. El 29 de octubre seguía el norte, ahora más suave. Cargados de ansiedad y en ”la dulce espera” de un cambio en el clima, (que obviamente no se produjo) decidimos partir a todo motor a la Paloma. Al menos seria un pasito más. Dejamos Punta a la 10.00 y entramos a la Paloma a las 17.00. Navegación con mucho sol y mucho ruido! El 1º de noviembre las 6.00 estaba todo dispuesto para el primer salto importante: Río Grande. Revisamos todos los portales de meteorología, Cepetec, Buoywether, Windguru, nuestro Gurú personal (Ojea) y no teníamos por nuestra popa ningún frente, pero tampoco tendríamos a proa el temible Nordestao. El pronóstico auguraba un Este medio que duraría dos días. El 2 de noviembre a las 14.00 entrábamos sin novedad al canal de Río Grande. Navegada muy suave, para el recuerdo. Las últimas millas debimos hacerlas a motor y entonces advertimos que algo no andaba bien, el motor no lograba superar las 19.00 rpm.
Diagnóstico: habría que cambiar los filtros. No era para preocuparse y como decíamos a bordo, "ya estamos en Tierra Santa", aca será "tudo bom, tudo joia", “no preocuparse”. Pero el diablo metió la cola y lo que pensábamos seria era un simple cambio de filtros paso a ser, para nosotros, un problema sin solución.
El motor no tomaba vueltas; sin lugar a dudas era falta de gasoil, pero después de varias veces de revisar y volver a revisar, y cambiar todos los filtros una vez más, el motor largaba un humo blanco. Si o si había que llamar al especialista, no era fácil, el motor era nuevo, estaba en garantía y era el service oficial quien debía poner manos en el asunto. En Río Grande no hay service oficial, debíamos esperar a que llegara de Porto Alegre.
Comenzaron a pasar los días, también pasaban los famosos frentes y en uno de ellos se subió nuestro compañero de viajes, el Kokopelli. Nosotros nos quedamos a pura ronda de mate en el YCRG, a esperar el auxilio mecánico. El clima tampoco ayudaba, transcurríamos entre días nublados y lluviosos.
La demora hizo estragos en la tripula, Edu debía estar en Angra para ir a trabajar con su barco, Charly debía volver a Rosario y Héctor debía atender sus negocios. Finalmente el motor fue reparado, había sido un inyector tapado. Armamos una nueva tripulación, ahora Omar Berrocal, ingeniero de a bordo, José Luis Godart, buzo y electricista, “Hetitor” Astori, inquieto, como antes, hacia la navegación. Habían pasado 21 días, estábamos cuasi soldados al muelle de YCRG.
Sería la etapa más importante, otra vez las consultas, las dudas, ¿cuándo llegaría el viento? ¿cuándo el próximo frente? ¿cuál sería el clima? Repasamos todos los sitios de meteorología en Internet y por supuesto consultamos a nuestro Gurú. La ansiedad era un presión “extra” a la hora de decidir.
Los pronósticos anunciaban: Este para los próximos días y se resolvió que partiríamos a las 1.30. A la 1.00 entró un mail que decía "Próximas horas altura Chuy, centro de baja, vientos ciclónicos, 996 de presión".
Salir o no salir: That was the question. Después de tantos días perdidos, no hubo dudas. Salimos. A las 3.00 estábamos en mar abierto.
El 19 de noviembre a las 11.30 navegábamos a todo vela con un buen Este, pero el cielo a nuestra popa era indescriptible, un habano! Se venia el chubasco! Arriamos mayor y la trincamos, abrimos la trinquetilla y teníamos preparada para enrollar el G1, revisamos la línea de vida, y todo el mundo a sus salvavidas a esperar ese mazazo... mazazo que nunca nos alcanzó. Pasó por nuestra popa a perderse en el mar. Apenas 25 nudos que nos empujaron por un rato a 9 nudos. 53 horas navegamos hasta llegar al ICSC de Jurere.
Tomamos una pointa al borneo y bajamos a la sede. El gerente del club, en un perfecto castellano, al enterarse que estábamos subiendo, nos preguntó como nos había tratado la tormenta y nos contó que a la altura de Tramandai habían soplado 135 Km. haciendo desastres en la ciudad.
Sin palabras. Nos quedamos sin palabras, evidentemente ese golpe no era para nosotros. Fue entonces que tomé conciencia que Iemanja nos protegía.
Cargamos gasoil, el pronóstico era dudoso, NE de 20 a 25 nudos. No obstante a la mañana siguiente partiríamos. A las 10.00, día perfecto para quedarse tomando mate, el verde Brasil contra el azul del cielo, las montañas de fondo, todo contribuía a que el humor de la tripulación estuviera “a tope”. Salimos a motor, viento suave del E, mayor y G1, velocidad 5 nudos, "ochimo". Pasaron algunas horas, el viento fue rotando al consabido NE y se afirmaba. Con un rumbo difícil, aumentaba el viento y la ola. Decidimos mejorar la estropada con apoyo del motor. A poco de andar, cuando había subido la temperatura del motor, las revoluciones por minuto subían y bajaban tanto como las olas, al compás del viento en aumento. Diagnóstico: ahora hay problema en la bomba inyectora. La navegación estaba muy pesada. La opción era volver y probar de nuevo cambiando filtros o un nuevo service en Floria. Regresar y salir de la “picadora de carne” para pasar a jugar con las olitas fue la solución.
De nuevo en Jurere. Revisamos toda la línea del gasoil, desde la tapa del tanque hasta el retorno al mismo. No fue fácil conseguir bidones para 300 lts de gasoil, sin derramar un cm3; había varias razones para ello: la ecología por un lado y el precio, por otro. A bordo se estimaba que cada litro de gasoil equivalía a media caipirinha! El equipo funcionó a la perfección, en pocas horas tuvimos el gasoil trasvasado, el tanque limpio y repuestos los filtros.
Consultamos a nuestro Gurú personal y nos daba un Este firme. No había dudas, a la mañana siguiente saldríamos. Así lo hicimos. El 23 de noviembre a las 11.20 zarpamos, con rumbo al paraíso. Rumbo 42, Angra sin escalas. 8 nudos, de escotas filaditas. Mejor no podía ser. El viento no aflojó, por tramos sólo se negaba un poco. Haciendo proa a Ilha Bela, "tudo joia". Durante las noches tomábamos un rizo y achicábamos genoa o pasábamos a la trinquetilla, el barco con una suave escora era un tren, un pac man come millas!
Una noche Omar advierte que el piloto había dejado de trabajar, no obstante ello, el barco durante 4 horas mantuvo su rumbo en ceñida a trinquetilla y mayor con un rizo, la ola era justa. El barco jamás salió de rumbo. Decidimos apagar el piloto para “doblar” la apuesta a ese equilibrio. Sólo se perdió el equilibrio cuando amainó el viento. En la madrugada del 25 de noviembre teníamos a la vista las altas montañas del continente y de Ilha Bela, pusimos motor para entrar en el canal de ese bellísimo paraje y a los tosidos llegamos a la sede del Iate Clube de Ilha Bela. Tomamos amarra, tomamos un baño y tomamos mucha caipirinha.
Habíamos llegado al umbral del paraíso. A la mañana siguiente muy temprano y como es usual en esa zona, no había viento, cruzando los dedos (hasta de los pies) pusimos el motor y salimos para Angra.
Suavecito, suavecito, íbamos sumando las últimas millas. Pero llegó el temido momento de “pagar el precio de estar por allí”. El motor era una bola de fuego, la bomba inyectora explotaba, tomamos un pulverizador de plantas y con agua y hielo enfriábamos la bomba, era la única forma de sostener la marcha. Ya teníamos a punta Joatinga en nuestra proa y Dios, que sólo atiende en Buenos Aires, se apiadó de nosotros y nos dio una manito.
Puso a soplar un SE de 15 nuditos, íbamos a todo vela y sin motor! Ya estábamos en la bahía de Angra dos Reis. Atados de unos cabos nos tiramos al agua para bautizarnos, luego impostergable y merecido brindis con champagne que mi amigo Héctor había llevado para la ocasión, por la amistad y la buena vida! A las 15.00 amarramos en el Çlub Marinas, casa definitiva para el Blas Maria. Con la visita del service oficial de Angra supimos que el gasoil estaba contaminado con alcohol. Le dimos el adiós a una buena cantidad de caipirinhas! Perdón, de gasoil.
Tiempo neto de navegación Buenos Aires a Angra dos Reis: 8 días y medio . Sólo quedaba disfrutar.
| Quienes
Somos | Distribución | Publicidad | Contacto | Archivo | Guía
Náutica |
| Brokers | Clima | Tablas
de mareas | Cartas
Náuticas | Enlaces | Home | |
|