Por las costas de Andalucía
Después de navegar muchos años en el Río de La Plata, y viajes a Punta del Este, La Paloma, Mar del Plata, etc., siempre rondaba en mi cabeza la idea de  conocer lo que era navegar en el Mediterráneo, esa ilusión que tenemos los navegantes de conocer lugares nuevos y surcar aguas lejanas. Desde el año 2001 empecé a viajar a España con la idea de establecerme unos años y así navegar las costas del Mediterráneo desde Gibraltar hasta Turquía.
En el año 2004 recalé en Marbella, ciudad andaluza de la provincia de Málaga,  donde se había venido a vivir en el 2002 mi amigo Daniel, con quien desde el año 1985, junto con Sergio, compartimos muchas navegaciones y regatas en el Río de La Plata.  Volví en el 2006 y 2008, y finalmente me establecí en Marbella en el mes de marzo de este año, con la idea de llevar adelante mi pasión, la de pilotear barcos en forma profesional.
Como en toda nueva actividad que uno encara, siempre hay que pagar el derecho de piso,  y yo no era la excepción. No es fácil ingresar en este medio si no te conocen, aunque yo contaba con la ventaja de que Daniel ya venía trabajando de capitán en algunos barcos, y conocía un poco más el paño.  Así las cosas, un martes a la mañana me llama Daniel, y me dice que hay que llevar un barco a Alicante, barco del cual él seguiría como capitán, porque sus dueños, ingleses, el día jueves lo abordarían en ese puerto.  Esto significaba que si zarpábamos el miércoles y navegábamos solamente de día, íbamos a estar muy justos, teniendo en cuenta que el clima en las semanas anteriores había estado muy cambiante y ventoso, con vientos del poniente o levante, de  entre 20 y 30 nudos. Había que recorrer 284 millas, con un crucero de 72 pies, un Aicon 72SL, de industria italiana, muy bien equipado con el instrumental necesario, y  dos motores Caterpillar de 1600 CV cada uno. Indudablemente con el consumo de gasoil de esos motores, no teníamos autonomía como para llegar a Alicante con seguridad. Miramos el pronóstico por Internet para el martes y miércoles, y daba vientos del poniente de entre 8 y 10 nudos, lo cual no era mucho y además teníamos las olas de popa. Lo charlamos, vimos puertos de alternativa y para cargar combustible, vino a nuestra mente nuestra tradición velerista, y entonces  nos dijimos,…salgamos esta noche cuando todo esté listo. Y así fue, luego de preparar el barco, cargar combustible y alimentos, a las 23 hs. del martes  zarpamos de Puerto Banus con rumbo a Almerimar, en Almería, donde repondríamos combustible. Era una noche perfecta, poco viento, temperatura agradable y en el barco todo funcionaba, motores, plotter, radar, piloto automático. Lentamente nos fuimos internando mar adentro, para navegar con seguridad y lo más directo posible hacia Almería.  En el Mediterráneo hay que hacerlo  con precaución, porque hay mucho movimiento de barcos mercantes y de pesca, y por lo tanto el radar es muy importante, casi imprescindible cuando se navega de noche y a más de 10 nudos.  Llevábamos una velocidad de 13 nudos, donde los motores tenían un consumo muy bajo, de aproximadamente 100 litros por hora/motor y era una velocidad adecuada para la noche. Así fuimos pasando los puertos de Marbella, Fuengirola, Benalmádena, Torremolinos, Málaga.  Pero como siempre, los pronósticos se cumplen más o menos,  pero si se cumple la máxima de Murphy, si algo puede fallar, seguro fallará.  Después de Málaga el viento empezó a aumentar, y lo que era viento del poniente se convirtió en viento del levante, o sea de frente. ¡Qué raro no!.. cuántas veces salimos para Punta con pronósticos de vientos francos  y mágicamente se nos puso de proa. Y acá pasó lo mismo una vez más. Por supuesto subió el viento y también la ola, lo cual nos obligó a bajar la velocidad a 7 nudos, y para colmo de males en un momento dado dejó de funcionar el piloto automático y acomenzó a sonar una alarma.  Tomé el timón mientras Daniel apretaba cuanto botón había, pero ni el piloto comenzó a funcionar, ni la alarma a dejar de sonar. Para colmo, los cruceros a baja velocidad no tienen mucha estabilidad de rumbo, así es que yo iba luchando con el timón y el barco iba dibujando eses a lo largo del Mediterráneo. La verdad era bastante cansador y mientras tanto seguía soplando cada vez más y la ola más alta. El crucero avanzaba lentamente alzando la proa y luego caía golpeando contra la ola, mientras se escuchaban crujir los mamparos y muebles del camarote de proa. Como el piloto y la alarma seguían haciendo de las suyas, en un momento le propuse a Daniel resetear el piloto y comenzar nuevamente, dado que había descubierto que la alarma era del piloto. El problema era que si apagábamos el interruptor, se apagaba todo el instrumental, incluyendo  plotter y radar. Miramos bien a nuestro alrededor, y como no había nada a menos de 12 millas, Daniel apagó y volvió a prender el interruptor.  Maravilla de la electrónica y del software, mágicamente empezó a funcionar el piloto y desapareció la alarma. Todo nuevamente en su estado normal, pero teníamos viento de entre 15 y 20 nudos y olas de 2 metros y  bastante cortas, lo cual hacía que el barco cabeceara demasiado, golpeando contra las olas y ruido interior un tanto preocupante. Con Daniel decidimos aguantar un par de horas más a este ritmo y si la cosa seguía en aumento, darnos la vuelta y entrar en alguno de los puertos. Por suerte se mantuvo la condición y al empezar a amanecer comenzó a bajar el viento hasta quedar en los 10 nudos. Durante la noche, con el piloto, el radar y el plotter funcionando, era cuestión sólo de vigilar el curso, mientras hacíamos guardias de dos horas cada uno.  Hubo que esquivar algunos pesqueros, pero ya todo era más placentero.  Cuando comenzó a amanecer, subimos la velocidad a 23 nudos y a las 08:30 hs del miércoles amarramos en la gasolinera de Almerimar donde llenamos los tanques. Habíamos consumido casi 1.500 litros de gasoil. A las 09:20 hs soltamos amarras y volvimos a zarpar hacia Alicante, todavía nos faltaban alrededor de 180 millas. Pusimos los motores a 1600 rpm, y a una velocidad de 23 nudos empezamos a disfrutar del viaje y el paisaje. Hasta Málaga la costa es baja y si bien se ven montañas, no están sobre la costa. Ya en Almería la costa empieza a ser escarpada y aparecen pequeñas formaciones rocosas que emergen del agua y pequeñas islas, lo cual aconseja  navegar dándoles respeto. De vez en cuando aparecían delfines que corrían delante del barco y nos acompañaban un trecho. La costa es muy pintoresca y a medida que avanzábamos iban apareciendo pequeños pueblos diseminados en el paisaje. Aprovechamos para desayunar, tomar sol y porque no alguna caña, como le dicen acá a la cerveza. A las 18:30 hs. comenzamos a divisar Alicante, arribando a las 19:30 hs del día miércoles. Volvimos a cargar combustible. Habíamos consumido esta vez cerca de 3.800 litros de gasoil. Luego tomamos amarras con la satisfacción del viaje y que además nos habíamos adelantado un día a la llegada de los dueños, lo cual nos permitía poner todo en condiciones.  Tal vez si no hubiéramos salido esa noche y el miércoles las condiciones del clima no hubieran sido favorables,  seguramente no hubiéramos podido  cumplir con lo que se nos había encomendado. Hasta la próxima.

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Gaby Medei
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