Un barco histórico
El regreso del Calypso
Si hubiera vivido para contarlo, Jacques Yves Cousteau hubiera cumplido 100 años. Muchos lo recuerdan como aquel oficial de la marina francesa que hizo notables innovaciones en el traje de buceo autónomo. Muchos otros colocaron a Cousteau en el imaginario popular merced a su labor de documentalista. Porque no sólo el viejo Jacques era afecto a calzarse el neoprene y las patas de rana, sino que jamás lo hacía sin su filmadora, con la que capturó impactantes imágenes de las profundidades. Pero lo que elevó sus viajes al status de leyenda fue su inolvidable barco, el Calypso. A bordo de este entrañable cacharro pintado de blanco, el equipo de Cousteau recorrió los mares estudiando la biodiversidad y dando un mensaje ecologista que era de vanguardia para su tiempo. La historia de esta embarcación está plagada de aventuras y de rumores que circularon en el ambiente marítimo sobre su embargo. "Está endeudada de proa a popa", clamaban proveedores de combustible, talleres navales y hasta alguna que otra autoridad portuaria que nunca había logrado cobrarle los derechos de uso de muelle. La muerte de Cousteau en 1997 llevó a la embarcación prácticamente al abandono. Pero el centenario del nacimiento del buzo francés llevó a su viuda, Francine -su segunda esposa, de hecho- a proponerse un trabajo de reconstrucción que costará unos 8 millones de euros. Una cifra con la que podría comprarse tranquilamente un barco nuevo. Claro que no hay dinero que pueda comprar la historia.
Historia de una leyenda
Originalmente construído como un barreminas de casco de madera para la marina británica, el Calypso fue botado en 1942. Sirvió en el Mediterráneo en 1943 y en Malta a partir de 1944, hasta que fue decomisionado y vendido en 1947. Entre el '47 y el '50 fue operado, bajo el nombre de Nymph Calypso, como un ferry entre las islas de Malta y Gozo hasta que, en 1950, excéntrico multimillonario y ex congresista irlandés Thomas Loel Guinnes lo compró sólo para convertirlo en el buque oceanográfico con que un joven Jacques Cousteau venía soñando.
Cousteau mandó a reformar el buque, adaptándolo para base de buceo, filmación y exploración marina. Le incluyó la más alta tecnología disponible en su tiempo, incluyendo dos mini-submarinos (diseñados por el mismo Cousteau), campanas de buceo y motos subacuáticas. La proa fue adaptada para que pudiera verse a través de ella, con la posibilidad de filmar a tres metros debajo de la línea de flotación y sobre la cubierta se construyó un helipuerto. Guinness le alquiló la embarcación a Cousteau por un valor simbólico de un franco al año.
El ocaso y el regreso
Tras más de 4 décadas de surcar los mares del mundo, registrando la vida y advirtiendo sobre los peligros de la contaminación, el Calypso se hundió el 8 de enero de 1996, en Singapore, tras ser abordado por una barcaza. Una semana después, usando una grúa flotante, fue reflotado, emparchado y llevado a un astillero. La muerte de Cousteau, cinco meses después, puso a su embarcación en jaque: llevada a remolque a Marsella, estuvo abandonada por más de dos años.
En 1998, la viuda de Cousteau y Loel Guinnes -nieto del comprador original del Calypso- intentaron iniciar una restauración, que se vio impedida por disputas legales bizantinas entre Francine Cousteau y Alexandra Cousteau, nieta por el lado del primer matrimonio del viejo Jacques. En los 12 años siguientes, todo fueron avatares: se dijo que Carnival Cruise Lines había comprado el Calypso para hacer un museo en Bahamas, pero no resultó; las obras de restauración se iniciaron y suspendieron varias veces, básicamente porque la Fundación Cousteau no pagaba sus cuentas.
Y, hasta el año pasado, parecía que el legendario barreminas reconvertido en oceanográfico jamás recuperaría la gloria pasada.
Tras tantas idas y vueltas, el mes pasado anunció la viuda de Cousteau que, gracias a contribuciones particulares y oficiales, ya está cerca de reunir los 8 millones de euros necesarios para la puesta a punto del Calypso, que -según anunciaron- volverá a navegar, convirtiéndose en una exposición itinerante, "un embajador que visitará diferentes puertos del mundo", explicó Francine Cousteau a los medios.
Mayores datos www.cousteau.org