Más allá de la Panela

El Marina es un sloop de 39 pies, diseñado por Bill Tripp y construido de madera a la “antigua”: tablas de cedro, varetas de viraró y quilla de lapacho -una obra de verdadera artesanía- por Belarmino Sarmiento en Merlo.
Fue botado en 1967 en el CNSI. En diciembre de 1981 dejó definitivamente sus amarras de la “Bahía” del Club Náutico San Isidro para emprender una vuelta por el mundo que lo llevó primero al Caribe, luego a Europa, Grecia y Turquía para luego en 1990 volver a cruzar el Atlántico de España vía los Azores, Madeira y las islas Canarias a la isla de Guadeloupe, en el Caribe.
En mayo de 1991 cruzó el Canal de Panamá para adentrarse al Pacífico, ruta que lo llevó vía  Galápagos, Marquesas, Tahiti, Atolon Suvarov a Tonga, Fiji y luego a Nueva Zelanda, tierra lejana donde encontró sus nuevas amarras definitivas en la ciudad de Nelson, S 41.13´ y E 173.15´ ubicada al norte de la isla del Sur. Imposible de describir semejante periplo en una nota sola, empezamos  hoy con la primera de una serie, relatando las experiencias náuticas y humanas “más allá de la Panela”, bajo el título:

De Isla B a Isla des Pins
En un día del mes de agosto de 2009 estoy sentado en el salón de vitalicios del Club Náutico San Isidro, observando cómo en una tarde plácida de un domingo los barcos pueblan el Río, volviendo de sus excursiones de fin de semana a sus respectivas amarras en donde muy probablemente habrán de “dormir” hasta un próximo fin de semana.
Esta misma tarde había caminado en la Isla B, observando las tantas mejoras de infraestructura que nuestro Club está constantemente   emprendiendo sin cesar.
¿Cuantos años hace que mi Marina estaba  fondeado por última vez en este “laguito” tan protegido y lejos de las inclemencias de alta mar que lo habrían de esperar en un futuro ya tan cercano? 
Esta misma noche estoy sentado en Ezeiza esperando que el vuelo 1184 de Aerolíneas Argentinas me lleve en algo más de 13 horas a cruzar aquel Pacífico en vuelo transpolar y directo de Buenos Aires a Auckland.
Y mientras el Airbus 340 se dirige al sur de Chile siguiendo la loxodrómica que lo llevará hasta S 63°, me reclino en mi asiento y pienso que probablemente seré aquí el único pasajero que ha probado muy de cerca crestas y olas con un pequeño velero, días y noches de guardias interminables que ahora este gran pájaro cubre a unos 500 nudos, mientras mi Marina apenas desarrollaba la centésima parte de esta velocidad.
Y sin embargo… pareciera que la intensidad de lo vivido allí “más abajo,” en la superficie del mismo mar debería multiplicarse por el mismo factor de “diferencia de velocidad” de avión a barco a vela!!
En Nelson me espera el barco que aún hace flamear la bandera azul y blanca: con dos tripulantes neocelandeses, jóvenes de 21 años cada uno, vamos a zarpar a principios de septiembre hacia las islas del archipiélago de Vanuatu, unas 1500 millas náuticas de 41º Sur a S 15°, rumbo NNW. En las cercanías de la Bahía de Tasmania tenemos una declinación magnética del orden de 21 grados Este, así que no sería una buena idea  de “confundirse” de las denominaciones Este versus Oeste, error tal vez no tan trágico si el viaje fuere nomás de San Isidro a Montevideo con sus apenas 2° W.
Cuando llego a mi casa en Nelson,  hace todo el frío de rigor de las noches invernales de una latitud de 41 grados Sur. Allí, en la isla Sur de Nueva Zelanda solamente son 20 grados de latitud que nos separan del hielo eterno de las regiones antárticas – unas 1200 millas náuticas equivalentes a la distancia Buenos Aires- Rio.
Y así, el día de zarpada de una supuesta mañana primaveral del 3 de septiembre la cubierta de teca del Marina está cubierta de una fina capa de heladas blancas. Algunos pocos buenos amigos nos vienen a despedir, trayendo masas, budines y chocolates como atenciones. Desde Nelson  que está situada al fondo de la Bahía de Tasmania son algo como 50 millas hasta llegar al “verdadero” mar de Tasmania, aquel mar que separa Nueva Zelanda de Australia. Y es allí donde la primera noche “afuera” nos recibe con un Sudeste de 30 nudos y olas de 4 metros. Mis dos tripulantes jóvenes Tom y Leo no estaban “probados”, pero sí parecen tener algunas experiencias en cruceros previos. Por lo menos no se marean, ni en la primera noche. Gran cosa!! Para ir de Nueva Zelanda a las islas del Pacífico hay que buscar vientos persistentes del Sur – situación que solamente se da con un centro de alta presión acercándose desde el Oeste, que en su flanco Este puede llegar a arrastrar fuertes y helados vientos provenientes de una relativamente cercana Antártica.
De la salida de la Bahía de Tasmania hasta la punta Norte de Nueva Zelanda son cerca de 400 millas, ó sea 3-4 días de navegación durante los cuales es muy importante que se mantenga ó se mueva muy poco el centro de alta presión porque generalmente después son esperables los frentes con fuertes vientos del Noroeste que “aprietan” contra la cercana costa de la isla Norte de Nueva Zelanda antes de haber podido alcanzar el Cabo de Reinga, que permitiría derivar algo nuestro rumbo NNW al NE en caso de ponerse el NW. 
El  segundo día de navegación ya estamos frente al Mount Taranaki, que brilla con una densa capa de nieve. En la noche siguiente – ya frente a New Plymouth – con el motor andando para cargar baterías y heladera, pero el barco “volando” a 7 nudos sólo con tormentín y un pañuelo enrollado en proa – un agudo pito del Yanmar nos hace saltar de las cuchetas. Motor recalentando!  Es ya pasada la medianoche, el viento arreciando a 35/40 nudos y temperatura del aire unos pocos grados sobre cero. Decido poner el Marina a la capa para investigar: será la estrella de goma de la bomba de agua, una obstrucción del circuito de agua…ó qué?     
Al tratar de desmontar la bomba de agua se rompe la  polea: imposible de reparar a bordo. Inutilizable la bomba de agua y el motor! Y ahora vamos a tener que tirar todos los víveres de la heladera al mar… y cuanto aguantarán las baterías de 400 AH por el resto del viaje de aún 1200 millas?
Es ahí que me acuerdo de un probado truco, inventado hace 9 años atrás en un viaje de Nueva Caledonia: hacemos un bypass usando para bomba de agua del motor una bomba de sentina eléctrica- conectando  la misma con una serie de mangueras y conectores entre la esclusa de entrada de agua de mar y el motor. Los dos muchachos -cabezas abajo en la sentina- no saben de mareos, ni del frío: trabajan junto conmigo sin cesar toda la noche para hacer andar los complicados circuitos que acabamos de “re-inventar”.Y funciona! Claro: había que cuidar que primero arrancara el motor y después conectar la bomba eléctrica, porque si no podrían llenarse los cilindros del motor con agua de mar! (Consejo al lector que tal vez en algún momento se vea en la necesidad de “copiar” el procedimiento.) Seguimos teniendo suerte con el viento: el frío es atroz pero marchamos a 6-7 nudos rumbo Norte ¡Rumbo al sol, que se nos acerca a 2 grados por nuestra propia velocidad  - más unos 0,25 grados cada 24 horas por efecto de declinación del mismo! (23 grados en 90 días). La parte más “brava” de este viaje en pleno invierno consta de “superar” los primeros 15 grados de latitud. Qué alivio y alegría cuando cerca de 25 grados latitud Sur el mar se ha tornado azul-azul, los vientos cálidos de los alisios del ENE nos empujan sin cesar al NNW, el timón de viento -tenemos un Aries- con un viento de través trabajando con máxima precisión.
Con el mar ya más cálido no queda mucho más que esperar el primer “bbbrrrrr” del reel del pesca: entramos nuestro primer y capital  “Mahi-Mahi”.
Nuestro destino Vanuatu es un archipiélago de clima ya tropical, constando de unas 80 islas, de las cuales solamente 12 son habitadas. Casi todas son de origen volcánico y la isla más al sur, Tanna, cuenta con el volcán más accesible del mundo, el Yasur a sólo 250 m sobre el nivel del mar. Vanuatu es uno de los estados más jóvenes de la tierra, ya que se llama así solamente desde 1980 cuando conseguía su independencia de lo que anteriormente era una colonia coparticipada entre Francia y Inglaterra  bajo la denominación Nuevas Hebridas.
Su población actual está cerca de 250.000 mil habitantes y los idiomas hablados son el inglés y francés, pero mayormente el Bislam que es una mezcla de lengua indígena y un inglés simplificado.
La gente es muy amable y hay varias encuestas que consideran al pueblo de Vanuatu como uno de los más felices en esta tierra! Tanna, como una de las islas ubicadas más al Sur será nuestro primer destino. Tom y Leo, que nunca estuvieran en Vanuatu por supuesto están “calientes” por escalar el famoso volcán. Yo ya lo había visitado varias veces y tengo mucho respecto de la entrada a Port Resolution, donde hace unos años un barco de un amigo mío se estrelló sobre los arrecifes del angosto canal de entrada, él -un experimentado navegante- había cometido aquél error de la “llegaítis”, cuando demorado por  vientos  y correntadas adversas se le había hecho de noche. Algunos barcos amigos que ya estaban adentro, hablándole por VHF le indicaron que lo iban a guiar con sus luces de tope por la estrecha entrada. El resultado fue que se estrelló sobre un arrecife que prolonga una peligrosa lengua, imposible de divisar de noche. En esta situación tampoco es de mucha ayuda el GPS, dado que las cartas náuticas de esta zona -relevadas más de 100 años atrás- están plagadas de errores de hasta 1-2 millas enteras, sobre todo en longitudes.
Ahora, con los vientos alisios y navegando en un mar más tranquilo, mi joven tripulación estaba por tomar lecciones de navegación de altura. Un “arte” lamentablemente ya en extinción frente a la comodidad y precisión de los GPS. Y sin embargo cuánta satisfacción da poder seguir los avances de tu barquito con sol y luna. De mis totales cerca de 100.000 millas navegadas con el Marina,  habré hecho casi la mitad usando sextante, tanto en regatas Buenos Aires-Rio como en innumerables cruceros de alta mar. Lo que antes fueron los cálculos con las tablas, hoy uso un programa de computación (Starpilot) que en fracciones de segundo te da las rectas de altura. Como su exactitud solamente depende de la precisión de los ángulos tomados con el sextante (uso un Plath), este método permite tomar en rápida sucesión varias altitudes y luego comparar los valores obtenidos por computación.
Tom y Leo ya se han acostumbrado uno al otro “cantarle las olas” (avisar a quien está con el sextante de que el barco en el momento de la medición está sobre la cresta de una ola)… y ya se han instalado apuestas mutuas, a ver quien se acerca más al GPS. Aproximadamente a unas 48 horas de llegar al waypoint de la entrada a Port Resolution al Este de la isla de Tanna, la precisión de navegación  requerida demanda relevar a nuestro “Johnny” (el nombre dado al timón de viento) y timonear a mano, sobre todo durante la noche anterior a la llegada cuando los alisios por la aleta arrecian a unos 35 nudos.
A la mañana – con las olas ya entre 4 y 5 metros – divisamos una impresionante rompiente largando espumas blancas “al cielo” sobre aquellos arrecifes que bloquean la entrada  a la angosta bahía de Port Resolution.
Entramos con mayor sola, fondeamos cerca de un banco de arena a solamente unos 12 pies de agua y nos aprestamos a subir la colina con su escalera hacia lo que se llama Yacht Club Port Resolution. Entre las tantas banderas dejadas por las visitas de otros barcos está también la (¡única!) azul y blanca del Marina dejada en mis visitas anteriores de años pasados a Vanuatu.
Las formalidades de entrada son algo burocráticas. No siendo Port Resolution un Puerto de Entrada a Vanuatu, hay que ir en una camioneta a una pequeña ciudad al Oeste de la isla distante 45 km sobre caminos de tierra, más de una vez obstruidos por árboles caídos, así que conviene llevar sierras y machetes para abrir camino donde sea necesario.
A la tardecita subimos al volcán Yasur y nos quedamos hasta el anochecer para poder apreciar mejor las lenguas de fuego que despide
acompañado de unos truenos atemorizantes, ¡como largados del mismo infierno! Ya de noche hay que bajar con linternas teniendo mucho cuidado de no caerse en uno de los tantos buracos de piedras de lava negra escupidos por el volcán por doquier.
Tom y Leo tienen que volver a su ciudad de trabajo en Wellington, Nueva Zelanda y así nos despediremos de Tanna ya al día siguiente,  haciendo rumbo a Vila la Capital de Vanuatu en la isla de Efate.
(Continuará)

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Gaby Medei
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